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30 de marzo de 1982: Un Paro General que desbarató los planes de la Dictadura y adelantó su fin

El 30 de marzo de 1982 la Confederación General del Trabajo (CGT), liderada por Saúl Ubaldini, llevó a cabo un contundente paro nacional en rechazo al gobierno militar que encabezaba Leopoldo Fortunato Galtieri. Una vez más, la irrupción de la clase trabajadora organizada puso en jaque al neoliberalismo.
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La medida de fuerza, convocada con la consigna «Paz, pan y Trabajo», fue acatada masivamente, paralizando la actividad industrial, comercial y de servicios: Evidenció el creciente descontento social que se vivía por el contexto de recesión, inflación y deterioro salarial que habían arrancado en 1976 pero que habían sido sostenidas hasta ese momento por el general Galtieri.

Ricardo Peidro, dirigente del sindicato de Agentes de Propaganda Médica y secretario general adjunto de CTA, recordó su participación en esa jornada histórica: «Hacía poco que me había incorporado a trabajar en un laboratorio como visitador médico. Con unos compañeros que estaban conformando una agrupación para disputar el sindicato y sin tutela sindical, decidimos ir a la movilización con ropa del laboratorio, saco, corbata y valija y llegamos a la zona céntrica». Cuando llegaron, contó Peidro, “la represión era feroz pero la gente se dispersaba y se volvía a juntar. Decidimos en ese momento hacer un acto relámpago y pararnos en una esquina y replicar en la calle el grito que nos conmovía y nos hacía lagrimear de emoción. ¡Se va a acabar la dictadura militar! Mientras, la gente que estaba en las veredas y algunos otros que escapaban de la policía o que ya los habían corrido de alguna otra esquina, se incorporaron ahí y bajaron a la calle con nosotros. Éramos muchos los que estábamos pegando ese grito y volvíamos a dispersarnos. Fue conmovedor, emocionante, era la confirmación de que se acercaba el fin de la dictadura».

«Recuerdo la lluvia de proyectiles sobre las fuerzas de seguridad en la calle: macetas, piedras, todo tipo de de objetos este cayendo», dice la dirigente docente y histórica referente de CTA.Marta Maffei. «La marcha que fue muy masiva, no solamente en Buenos Aires, sino en la mayoría de las ciudades del interior y significó un durísimo golpe a la dictadura militar porque la sociedad perdió el miedo, no sé si totalmente, pero se animó a salir a la calle. El pueblo dijo, basta con toda la fuerza y decidió no más a la dictadura militar»,

«Fue muy importante la actitud de Saúl Ubaldini y de «la comisión de los 25″, poniéndose al frente y dando disputa por Paz, Pan y Trabajo, pero también por dignidad. Por rescatar a los compañeros presos y por las condiciones de trabajo en el contexto de aquel desastre económico que se vivía en esos días», definió Maffei.

«Semanas antes, un decreto de la Dictadura dejaba sin efecto la detención de centenares de presos políticos y fui liberado» relata el médico y docente Norberto Liwski y recuerda: «Junto con la militancia social y sindical en Matanza y Morón, nos sumamos al llamado de la C.G.T. Brasil  a las columnas y enfrentamos los dispositivos represivos con enorme parecido a los operativos que se organizan en los tiempos que corren».

«Sin embargo, se ocupo el frente de la Casa de Gobierno, los enfrentamientos y las corridas se extendían a una amplia zona de las adyacencias, con más de 2.500 compañeros detenidos y una gran solidaridad de vecinos y comerciantes que abrían sus puertas para protegernos. Más tarde supimos que en Mendoza la Gendarmería había asesinado al sindicalista minero José Benedicto Ortiz, pero también supimos que esa jornada histórica marcaba el comienzo del fin de la Dictadura», concluye Liwski

La CGT había denunciado una creciente desocupación producto de los despidos masivos, la desindusrialización y la caída del poder adquisitivo por la aplicación de medidas de ajuste impulsadas en ese momento por el ministro de Economía, Roberto Alemann.

«Hacía aproximadamente un año que estaba desocupada. Había hecho una experiencia en la fábrica Peugeot de Berazategui que cerró en 1981. Eran durísimos esos tiempos porque con mi familia sobrevivíamos con el cuentapropismo. Así que fuimos a Plaza de Mayo y fue una importante movilización», rememora Olivia Ruiz, Secretaria de Previsión Social de la CTA.

 

Impacto político en un gobierno debilitado 

La protesta ocurrió en un momento crítico para la Junta Militar, que enfrentaba una severa crisis tras años de represión, desapariciones y pésimos resultados de gestión económica y división interna. En ese contexto, el general Galtieri fue nombrado como presidente por la Junta Militar en diciembre de 1981 y buscaba contener el descontento apelando al nacionalismo, primero confrontando con Chile por el Canal de Beagle y, luego, con el enfrentamiento con Inglaterra por las Malvinas.

«Esa jornada de movilización mostró, una vez más, que los trabajadores cuando salen a disputar definen la situación», señala Víctor Grosi, dirigente de SITRAIC y Secretario de Interior de la Central. «Yo en ese momento estaba trabajando en la represa Licura, en la Patagonia en un contexto de militarización y cuando volví en diciembre, tras la derrota en Malvinas, la Dictadura se vio obligada a la apertura política».

Mientras tanto, la sociedad argentina vivía entre la presión de la militarización y el hartazgo por la crisis, en un escenario donde la protesta sindical se convirtió en una de las pocas voces de oposición visible y terminó por tener un impacto que sacudió a la Dictadura que, luego de la derrota de Malvinas, se vio obligada a entregar el poder.

Para ese entonces, deuda externa se había quintuplicado: Al inicio de la Dictadura la deuda externa ascendía a 7.800 millones de dólares y al finalizar el gobierno militar, llegaba a 43.600 millones. La Inflación promedio llegó a superar 90 % anual, en tanto que la pobreza se quintuplicó y se creó una pobreza estructural que persiste hasta hoy.

Pero sobre todo, la dictadura destruyó la estructura productiva del país, acabando con un incipiente modelo de industria enfocado a sostener la demanda interna de bienes, priorizando la valorización financiera, el rentismo especulativo y la reprimarización dela economía para la exportación. Padecimientos que sucesivos gobiernos liberales han acentuado enormemente.

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