A lo largo de estas últimas décadas, en Argentina pero también en el mundo, los transfeminismos instalaron debates cruciales en torno a los cuidados. Producto de esas discusiones se popularizaron consignas que hoy resuenan en las calles y en las casas: “eso que llaman amor es trabajo no pago”.
Además, se elaboraron múltiples proyectos de ley, el diseño de programas y políticas públicas e, incluso, se realizaron ejercicios para poder ponderar cuál es el aporte que tienen los cuidados en el PBI (Producto Bruto Interno).
En este sentido, existe un acuerdo inapelable: cuidar es un trabajo fundamental y necesario para la reproducción de la vida que todas, todes y todos necesitamos. Sin embargo, los trabajos asociados al cuidado son realizados principalmente por mujeres, de forma remunerada o no remunerada. Cuando se trata de un empleo formal o informal, el pago es de los más bajos de todo el mercado de fuerza de trabajo.
Estas realidades fueron y son incansablemente compartidas y debatidas en todos los espacios de militancia: en los barrios, en las agrupaciones, en los partidos políticos, en los sindicatos, en las escuelas y universidades; muchos de ellos se tradujeron en trabajos académicos, materiales de formación y divulgación, entre otras cientos de herramientas que circulan a nuestro alrededor.
Discursos de odio y desmantelamiento de políticas públicas
Desde la llegada de Javier Milei al gobierno, se multiplicaron las declaraciones de funcionarios y militantes del partido oficialista con agresiones y críticas misóginas, patriarcales y lesbo-homo-transodiantes. A pesar de ello, se sostienen año a año los Encuentros Plurinacionales anuales, el 8M como día de paro internacional feminista e, incluso, se avanzò en protestas antifascistas en repudio a declaraciones del Presidente.
Vale resaltar que este accionar no se limitó al plano discursivo: se desfinanciaron y vaciaron decenas de políticas públicas que han desfavorecido a quienes cuidan y a quienes son cuidados/as. Ese ajuste también tiene su correlato en la destrucción del empleo y la caída de los ingresos y salarios que afectan, principalmente, a las mujeres y los colectivos LGBTTIQ+.
Resistencia transfeminista
La resistencia feminista y transfeminista se encuentra vigente, aun en este contexto donde el Gobierno Nacional nos declaró enemigues de su gestión. Las protestas y paros en los sectores de salud y educación, cuya composición es principalmente femenina, muestran que la pasividad no fue opción. El reclamo por el cumplimiento de la ESI (Educación Sexual Integral) y la atención a los problemas de salud mental en los colegios muestra que nuestras agendas y reclamos se sostienen y se reproducen en las nuevas juventudes.
Un modelo de sociedad que ponga la vida en el centro requiere que continuemos los debates y consensos sobre cómo queremos que cuidar y que nos cuiden. En este sentido, desde el Instituto de Estudios y Formación compartimos una síntesis de siete principios que se elaboraron bajo el proyecto de trabajo “Feminismo Sindical”[1] y que pueden ser el piso de consenso para conquistar otra forma de producir y reproducir en la sociedad que soñamos.
Tareas por delante
1- Desnaturalizar el cuidado significa darle entidad, reconocerlo en tanto tiempo que ocupa y sujetos que lo llevan adelante: ¿quiénes cuidan?, ¿cómo cuidan?, ¿cuánto cuidan?, ¿cuál es el costo físico, mental y monetario de ese cuidado?
2- Desmaternalizar el cuidado implica que no se le adjudique única y exclusivamente a las madres el deber y el derecho de cuidar.
3- Desfeminizar el cuidado implica construir estructuras normativas que rompan con los estereotipos de género según los cuales son las mujeres quienes se encargan principalmente del cuidado de personas que así lo requieren.
4- Desheteronormatizar implica contemplar en las regulaciones los distintos tipos de familia y dejar de construir leyes en términos de “padres y madres”.
5- Desbiologizar el cuidado, en consonancia con lo anterior, exige pensar diferentes formas de familias y redes comunitarias de cuidado que no necesariamente estén atadas por lazos biológicos.
6- Socializar y desmercantilizar el cuidado implica procurar estructuras estatales y comunitarias que se hagan cargo de estas tareas en tiempo y costos. Esto implica vacantes para las infancias en instituciones educativas de doble jornada desde los 45 días; espacios de cuidado específicos para personas mayores; espacios deportivos y/o recreativos para el cuidado de niñes y adolescentes; etc. Estas intervenciones deben implicar calidad edilicia y profesional, con salarios y estructura adecuados.
7- Desfragmentar el cuidado implica concebir las tareas de cuidado de un modo integral, que permita avanzar en la definición de quiénes requieren cuidados pero también de quiénes cuidan: ¿cuáles son sus necesidades? Pensar el autocuidado en este punto es central.
La centralidad de la vida no se declara, se construye con políticas públicas, con presupuestos, con condiciones laborales dignas y con organización colectiva. Apostar a un cuidado desnaturalizado, desmaternalizado, desfeminizado, desheteronormado, desbiologizado, socializado y desfragmentado debería ser el piso de consensos y nuestra hoja de ruta.
[1] Estos principios surgen del documento “La gestión del cuidado en debate” elaborado por Mariana Campos y Jimena Frankel (integrantes del IEF CTA), y Julia Campos (Secretaría de Género y Diversidad de ATE Nacional), en el marco del proyecto Feminismo Sindical que impulsa la Fundación Rosa Luxemburgo. Disponible en: https://rosalux-ba.org/wp-content/uploads/2022/07/Cuidados-FRL.pdf