En el artículo anterior analizamos cómo la reforma laboral profundiza la desigualdad de género al ignorar la crisis del cuidado como condición estructural del mercado de trabajo.
Mostramos que cuando el cuidado permanece no remunerado y desigualmente distribuido, cualquier transformación que avance en desregulación e individualización tiende a expulsar a las mujeres, reducir su participación laboral y ampliar brechas salariales.
Señalamos que ese análisis quedaba incompleto sin abordar un aspecto crítico: el desfinanciamiento del sistema previsional asociado al esquema propuesto por la reforma.
Este artículo se ocupa precisamente de ese punto: cuando se debilitan los mecanismos de protección social, el ajuste no desaparece, cambia de lugar. Y en Argentina, con una crisis del cuidado persistente y una estructura de mercado laboral profundamente segmentada por género, ese desplazamiento tiene un destino previsible: recae sobre los hogares y, dentro de los hogares, principalmente sobre las mujeres que ya sostienen, sin reconocimiento ni remuneración, la reproducción cotidiana de la vida.
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