La morosidad de los hogares argentinos con el sistema financiero alcanzó en enero de 2026 el nivel más alto en más de dos décadas. La proporción de deuda en situación irregular se cuadruplicó en apenas doce meses, los préstamos entre familiares y amigos se desplomaron, y más de la mitad de los hogares financia sus gastos cotidianos con tarjeta de crédito o fiado. Estas cifras, provenientes del Banco Central y del INDEC, describen una crisis de endeudamiento que atraviesa al conjunto de la sociedad argentina. Pero su distribución no es homogénea: las mujeres, y en particular las jefas de hogar con responsabilidades de cuidado, la experimentan con una intensidad y una lógica cualitativamente distintas. Identificar ese rasgo distintivo es el objetivo central de este artículo.
La radiografía del endeudamiento: una crisis que se acelera
Los datos del Informe de Bancos del BCRA correspondiente a enero de 2026 muestran un deterioro generalizado de la cartera crediticia de los hogares. La mora de las familias se ubicó en 10,6%, frente a un 2,7% registrado en el mismo mes del año anterior y un 2,5% al cierre de 2024. Los atrasos crecieron durante dieciséis meses consecutivos. Es el nivel más alto desde que existen registros comparables.

El cuadro muestra un patrón: las líneas con mayor deterioro son los préstamos personales y las tarjetas de crédito, los dos instrumentos que los hogares utilizan para financiar consumo corriente. Los créditos hipotecarios, en cambio, mantienen una mora baja porque los hogares priorizan el pago cuando está en juego la vivienda.
El dosier del INDEC sobre estrategias de manutención, elaborado a partir de la EPH del primer semestre de 2025, complementa esta fotografía con la dimensión de la desigualdad. Sus datos revelan que las estrategias de supervivencia económica se distribuyen de manera profundamente segmentada por nivel de ingreso.

Los hogares de menores ingresos se endeudan más (30,4% frente a 18,5% del estrato alto) y por vías distintas: mientras los sectores altos recurren a bancos, los bajos dependen de préstamos de familiares y amigos en una proporción casi tres veces mayor. En Endeudarse para cuidar: género y desigualdad en la Argentina, publicado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), esta segmentación del crédito configura una infraestructura estratificada, donde los hogares más vulnerables acceden a las fuentes de financiamiento más costosas y precarias (Partenio y otros, 2024).
Endeudarse para cuidar: la dimensión de género
Los datos agregados no distinguen entre quien se endeuda para invertir y quien lo hace para dar de comer. Esa distinción es la que introduce la perspectiva de género. La investigación de CEPAL documentó que la organización social de los cuidados agranda las deudas de los hogares, y que esas deudas se acrecientan cuando aumenta la demanda de cuidados y son las mujeres quienes asumen la responsabilidad de gestionarlas (Partenio y otros, 2024). El concepto clave es el de gestión monetaria de los cuidados: las mujeres no solo cuidan, sino que se endeudan para financiar los insumos de ese cuidado (alimentos, medicamentos, transporte, conectividad, cuotas educativas) y cargan con la responsabilidad de administrar las deudas resultantes. Esta dinámica no es nueva, pero se ha agravado.

El dato más significativo para este análisis de género es la caída de los préstamos entre familiares y amigos del 35,4% al 15,9% de la deuda no bancaria en apenas un año. Un informe de la consultora Focus Market, dirigida por el economista Damián Di Pace, lo describe como un agotamiento del “colchón de solidaridad”. Para las mujeres de sectores populares, este colchón no era un accesorio: era la principal vía de financiamiento de los gastos de cuidado. Cuando esas redes se agotan, las opciones se reducen a tarjetas con tasas elevadas, financieras no bancarias, o el atraso directo en el pago de servicios, expensas y cuotas educativas, tres de los rubros que registran los mayores aumentos de morosidad en 2026.
La CEPAL identificó este circuito como una “espiral de endeudamiento”: la caída de ingresos empuja al crédito, el crédito se destina a consumo básico, la incapacidad de repago genera mora, la mora cierra el acceso al crédito formal y empuja hacia fuentes informales más costosas, y el ciclo se reinicia con menor margen. Pero esa espiral afecta fundamentalmente a los hogares con responsabilidades de cuidado, encabezados por mujeres con trabajos precarios y bajos ingresos, y que concentran la mayor vulnerabilidad financiera (Partenio y otros, 2024).
La autonomía económica de las mujeres se ve comprometida por la sobrecarga de las responsabilidades de cuidado. A esto se agrega la persistencia de estereotipos que asocian lo masculino al mundo de las finanzas y la inversión, mientras asignan menor valoración a las mujeres como agentes económicos con autonomía en el uso del dinero. Los estereotipos de género se perpetúan cíclicamente.
Las mujeres no solo cuidan, sino que se endeudan para financiar los insumos de ese cuidado y cargan con la responsabilidad de administrar las deudas resultantes
La autonomía económica de las mujeres se ve comprometida por la sobrecarga de las responsabilidades de cuidado.
El contexto de ajuste: cuando la política pública agrava la desigualdad
Los datos del INDEC registran que los servicios públicos pasaron de representar el 4% del salario mediano en noviembre de 2023 al 11% en 2025, como consecuencia de la quita de subsidios. Para Valeria Rina Muñoz, licenciada en economía y especialista en indicadores sociales con perspectiva de género, un factor detrás de esta expansión es la retirada del Estado. La quita de subsidios en electricidad, transporte y gas trasladó costos a los hogares que ahora deben financiar con crédito lo que antes cubría la tarifa subsidiada: “El aumento de gastos fijos empuja a muchas mujeres a endeudarse para cubrir estas necesidades esenciales” (Muñoz, citada en Ferreyra, 2025).
La retórica oficial minimiza el problema: el ministro de Economía, Luis Caputo, atribuyó la mora a “un coletazo del ataque político” que “se va a ir acomodando”, pero el propio presidente Javier Milei advirtió al asumir en diciembre de 2023 que el ajuste impactaría “de modo negativo sobre el nivel de actividad, el empleo, los salarios reales”. Los datos de morosidad récord de 2026 confirman ese pronóstico, pero la lectura oficial omite que ese impacto recae con mayor intensidad sobre las mujeres que sostienen hogares con responsabilidades de cuidado.
El endeudamiento de los hogares argentinos no es un problema técnico que “se va a ir acomodando”. Es la expresión financiera de una organización social profundamente desigual, donde las mujeres sostienen con su trabajo de cuidado (y con sus deudas) una estructura que perpetúa los estereotipos de género. Por eso, la demanda de un sistema integral de cuidados es también una respuesta a la crisis de endeudamiento: si el Estado asume como bien público lo que hoy las mujeres financian con crédito y mora, se desarma el mecanismo que las empuja a la espiral de deuda. Un sistema de cuidados no solo redistribuye tareas: redistribuye costos, y al hacerlo reduce la carga financiera que hoy recae sobre las trabajadoras que cuidan, las que no pueden buscar empleo porque cuidan, y las que trabajan cuidando en los hogares en las condiciones más precarias del mercado de trabajo. Impulsar la economía del cuidado como sector dinamizador y fortalecer los ingresos de las mujeres son condiciones para que el endeudamiento deje de ser la contracara invisible de cuidar.»
El endeudamiento de los hogares argentinos es la expresión financiera de una organización social profundamente desigual, donde las mujeres sostienen con su trabajo de cuidado una estructura que perpetúa los estereotipos de género.