Luci es licenciada en Sociología e investigadora de la Universidad de Buenos Aires. Sus trabajos se centran en la relación entre deuda, capital financiero y violencia. Es autora, junto a Verónica Gago, de Una lectura feminista de la deuda y lucha incansablemente por los derechos del campo popular.
Días antes de la movilización por Memoria, Verdad y Justicia el 24 de marzo, que fue una de las más grandes de la historia, Luci estuvo en el programa Dónde están las feministas, de la Secretaría de Géneros y Diversidades de la Central. “Hay una disputa histórica dentro de la ciencia económica, que es una ciencia social pero que quieren borrar ese carácter, sobre todo desde la hegemonía neoliberal desde la década de los ’70, intentan separar a la economía de las ciencias sociales y transformarla en un problema matemático donde podés sumar y restar y eso te puede dar bien, sin importar que el 30% de la población esté debajo de la línea de la pobreza”, explica Luci.
Ese tipo de narrativa económica se separa de los cuerpos, dice la investigadora, “es una operación política. El mundo financiero es quien da cuenta de esa abstracción por excelencia, separar la economía de esos cuerpos que son los que producen valor, sobre los que caen los efectos de estos programas económicos. Por eso tenemos que hacer un ejercicio político de volver a generar otras formas para hablar de economía, buscar otras narrativas, otras palabras: no podemos seguir hablando con la lengua del Mercado. Es una batalla que venimos dando desde la economía feminista”.
Cavallero señala que “las Madres de Plaza de Mayo marcharon con una bandera que a mí me formó de chica que decía: el poder financiero es terrorista, invirtiendo la palabra con la cual acusaban a sus hijos, en relación al plan de miseria planificada contra la población. Creo que la vinculación entre la deuda militar, eclesial, cívico empresarial es algo que hay que retomar y reponer constantemente porque ahí está el huevo de la serpiente y es cuando queda claro que un régimen de saqueo financiero cierra con la aplicación de violencia sistemática”.
No solamente se endeudó al país en los ’70, dice la especialista, sino con el menemismo, el macrismo y ahora: “Pero la dictadura tenía un objetivo profundo que era cambiar hábitos y prácticas de la población hacia la financiarización, como la ley de Entidades Financieras que todavía está vigente”.
Antes había otras formas de relación que no estaban centralizadas en los bancos, pero con la dictadura, cuenta Cavallero, empezó a proliferar el crédito direccionado al consumo. Según Lucia, Argentina era un país en el que se podía vivir bien con lo que una trabajaba, pero con la dictadura aparece el hábito especulativo, una pedagogía de la especulación financiera, se dolarizan las viviendas. Se quitan regulaciones a los bancos, el Estado deja de fomentar el crédito a la producción para fomentar la especulación.
En sus palabras: “No hay deuda sin violencia y sin represión de la organización popular, los dólares están marcados de sangre. Este gobierno viene a borrar, a tratar de reformular todo lo que venimos construyendo desde los movimientos de derechos humanos”.