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#SOSColombia

por Adolfo "Fito" Aguirre

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No es una democracia cuando la respuesta estatal al derecho a huelga y manifestación se responde con asesinatos y desapariciones. A la solidaridad internacional con el pueblo de Colombia debe sumarse una acción efectiva de la comunidad internacional para detener la masacre del régimen Duque-Uribe.

Colombia está ante dos escenarios antagónicos entre las necesidades del pueblo y los intereses excluyentes de las elites. La masividad de la protesta social ha sido muy visible y ha demostrado la fuerza organizativa de las centrales obreras, sus organizaciones de base, de los movimientos sociales, indígenas, campesinos, estudiantiles, de jubilados y pensionados. Por eso la respuesta represiva ha sido de extrema dureza porque el poder no quiere perder privilegios. Duele que en 10 días continuos de paro nacional las fuerzas conjuntas del ejército y la policía hayan matado a más de 30 manifestantes, que se registren 379 desapariciones y que se multipliquen las denuncias de abusos por parte de las fuerzas de seguridad.

Que hoy el mundo esté hablando de las masacres y de la lucha del pueblo colombiano se debe a la enorme pelea en las calles por parte de la CUT, la CTC, la CGT y el Comité Nacional del Paro, a lo que se sumó el Internacionalismo clasista para visibilizar lo que pasa en Colombia. También hay que destacar el rol geopolítico de la central norteamericana, la AFL-CIO, para presionar a EE.UU. y el rol de la Confederación Sindical de las Américas (CSA) que ha marcado un guion de confrontación y movilización de las centrales afiliadas a los consulados y embajadas de Colombia para cuestionar el modelo de desigualdad y violencia.

El rol del movimiento social y sindical nos pone en un momento muy interesante de cambios y expectativas en esta fuerte campaña para desnudar mundialmente al bloque represivo-regresivo que representan Iván Duque-Álvaro Uribe. NO es una democracia cuando la respuesta estatal al derecho a huelga y manifestación son asesinatos y desapariciones.

El bloque Duque-Uribe es el enemigo principal de Colombia y es el brazo ejecutor de las políticas imperiales en Colombia, cuyo emblema son las siete bases militares que EEUU tiene en el país.

Colombia ya ha padecido ciclos muy fuertes de conflicto interno pero hoy observamos que el ciclo conservador-oligárquico ya no puede seguir. Urge que la comunidad internacional tome decisiones relevantes al respecto. Las redes sociales se han inundado con la etiqueta #SOSColombia y ese llamado a la solidaridad internacional es para terminar con el genocidio, los asesinatos contra líderes sindicales, sociales, campesinos, indígenas, defensores de los DDHH, de la madre tierra. ¿Cómo se puede permitir que el Acuerdo de Paz de 2016, suscripto por la comunidad internacional, esté siendo bombardeado por el actual gobierno? ¿Cómo se puede tolerar que desde esa fecha hayan asesinados a 700 referentes de la paz? Y en esta tarea no sirve la actual OEA, encabezada por el mercenario Luis Almagro, un peón colonial a sueldo de los peores intereses del Imperio.

El movimiento sindical latinoamericano y mundial está con Colombia para que por fin esta sea tierra de paz y para que la ultraderecha uribista vaya al único lugar que le corresponde: la cárcel

El Paro Nacional logró su primer triunfo el 2 de mayo obligando a Duque a retirar la reforma tributaria. Pero si el gobierno quiere un diálogo de verdad debe convocarlo de verdad, no a esta farsa sino a los actores del paro, es decir a los manifestantes y sus líderes.

La movilización ciudadana demuestra día a día que la sociedad colombiana está harta de corrupción, represión, injusticia social y violencia. Colombia lucha por la paz hace décadas y merece la paz.

*Por Adolfo Aguirre, Secretario de Relaciones Internacionales de la CTA-A y coordinador nacional de la CNTI.

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