Escondido detrás del argumento del control de la milla 201, el gobierno de Javier Milei vuelve a vulnerar la soberanía argentina al convalidar la firma de un “acuerdo de cooperación” entre la Armada Argentina y la Cuarta Flota de los Estados Unidos. Argumentando —con razón— la voracidad y discrecionalidad con la que países como China depredan los recursos ictícolas y erosionan el ecosistema del Mar Argentino, el acuerdo abre las fronteras marítimas de la Argentina a la “colaboración” de los Estados Unidos para tareas de patrullaje, estudio y control.
Mediante la instrumentación compartida del SIGU (Sistema de IA implementado por la Prefectura Naval Argentina para monitorear el Mar Argentino y controlar la pesca ilegal), se cruzan datos en tiempo real y se trazan en pantalla trayectorias de navegación en vivo. Diseñado por la Dirección de Informática y Comunicaciones de la Prefectura Naval Argentina, hoy funciona con operación conjunta con los “amigos” del norte.
Cabe recordar que la Prefectura tiene a su cargo la protección de los recursos y la seguridad en los espacios marítimos, fluviales y lacustres, entre los que se destaca el Mar Argentino, área marítima de hasta 200 millas marinas de pesca exclusiva para buques de bandera nacional.
En un informe de una Comisión Bipartidaria del Congreso de los Estados Unidos se acusó al gigante asiático de ser “la única nación que utiliza su flota de pesca de aguas distantes como extensión de sus fuerzas oficiales de seguridad marítima”, citando un análisis de la Oficina de Inteligencia Naval de ese país (ONI), que estimó que la flota china —calculada entre 2.000 y 16.000 embarcaciones, incluyendo naves vinculadas a milicias y buques con banderas extranjeras— registró, entre 2022 y 2024, más de 110 millones de horas de actividad en aguas de 90 países.
Según el mismo informe, la pesca no declarada y no reglamentada genera pérdidas por 2.300 millones de dólares anuales solo en América Central y América del Sur. Ahora bien, ello no amerita que la Argentina abra sus fronteras al control del país del norte como respuesta a los saqueos del país del este. El gobierno argentino debió apoyarse en estos informes, así como en los provenientes de la OMC, y resolver las vulnerabilidades de seguridad sin entregar soberanía. Solo cabíamos la preferencia del “Cipayo” diría Jaureche.
Este hecho se suma a la intervención del Puerto de Ushuaia como puente hacia el continente antártico; a las políticas de desgaste sobre los puertos de la Provincia de Buenos Aires; a la licitación de la Vía Troncal Navegable del río Paraná; y a la eutanasia del Canal Magdalena, entre otros tantos desatinos del P.E.N. Pero lo cierto es que lejos están de ser hechos fortuitos o aislados; por el contrario, son eslabones de una cadena de entrega sistemática de la soberanía nacional.
Para Donald Trump, el rol de la Argentina no es económico: es geopolítico. Si Milei quiere vender alfileres chinos, allá él; ahora bien, los acuerdos geopolíticos no se corrigen ni siquiera en las comas. Mientras Milei domestica al pueblo, Trump ordena al capital y a las fuerzas armadas. “Solo el pueblo salvará al pueblo”, y ese pueblo deberá salvar también la unidad territorial y jurídica que llamamos Nación.
Flaco trabajo nos espera en un futuro no tan lejano: reconstruir un tejido social deshecho por las políticas económicas de este gobierno; intentar desandar los acuerdos internacionales comprometidos; y, por si fuera poco, resolver el día a día de cada compatriota. Creo que, como dirigentes del Campo Nacional y Popular, debemos tomar conciencia de la gravedad del difícil momento histórico que vive nuestro pueblo y de la hipoteca que estos delincuentes les dejan a las generaciones futuras, y preparar la segunda independencia de nuestra Patria.
*Observatorio de Logística Transporte y Puertos.