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Se rompió el hechizo: de castigador a castigado

por Tomás Raffo

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Queremos compartir un conjunto de reflexiones preliminares sobre las implicancias del reciente resultado de los comicios en la provincia de Buenos Aires, donde el Gobierno Nacional perdió por casi 14 puntos contra la oposición unificada en el Peronismo de Unión por la Patria.

La primera de estas reflexiones es la evidencia de la ruptura del hechizo de la sociedad con Milei. Si la emergencia de Milei causó una gran sorpresa para todo el espectro político, como consecuencia del carácter outsider y distópico de su personaje, que bien puede leerse como una suerte de encantamiento de la sociedad con el personaje, no es menos cierto que una de las aristas fundamentales de su aparición es que se constituyó como una herramienta de castigo de la sociedad hacia la casta política (fruto de la crisis de representación política a que llevó la frustración del gobierno anterior).

“La casta tiene miedo” fue la cancioncilla de consigna, tribunera y contagiosa que acompañó el surgimiento de Milei y que lo llevo a la presidencia, aún a pesar, o bien quizás por llevar, como emblema una motosierra, que constituiría el instrumento de castigo a la casta política. Sin embargo, a casi 2 años de su gestión, lejos estuvo de efectivizarse el castigo a la casta, que buena parte de la sociedad creyó que Milei oficiaría.

Por el contrario, en este corto plazo la sociedad observó que el instrumento de castigo (Milei) se transformó en el objeto a castigar (la casta). Efectivamente, la asociación de Milei con el apellido Menem, representante icónico de la casta política reciente, se evidenció con el escándalo de corrupción de los medicamentos para los discapacitados, y que se inmortalizó con los audios del Director de Discapacidad, que involucran directamente al apellido Menem con el apellido Milei en una trama de corrupción simbolizada por el “3% de Karina” y el jingle que ya va para hit de “Alta Coimera”.

Por si fuera poco, no sólo se trata de corrupción, sino de corrupción degradada al extremo de lo intolerable socialmente. No se trata de un “vuelto” sobre la obra pública, sino que son recursos que se detrae de la atención de un sector altamente vulnerable, los discapacitados, sobre los que se ejercía una política de ajuste de sus partidas, baja del beneficio, aumento de sus medicamentos y desfinanciamiento estatal. El nivel de asociación entre la corrupción y la inmoralidad cobró niveles de elevada indigestión social. La podredumbre de la que hace gala el gobierno exige un nivel de intolerancia social y humana muy elevada.

Es el mismo rasgo que se expresa en la política de crueldad con otros sectores vulnerables: como el caso de los jubilados, a los que no contentos con ajustar a niveles mínimos sus haberes, se les orquesta verdaderas palizas físicas por parte de las fuerzas de seguridad todas las semanas. Es la misma crueldad que se expresa en el ajuste al Garraham, desfinanciando un hospital emblema de la solidaridad y el cuidado con los más débiles (como es el caso de la atención de patología grave en los niños más vulnerables); es la misma crueldad que se expresa en el ataque furibundo del Presidente a un niño autista, con la publicación de un posteo en la red social X, que la Justicia dispuso que lo eliminara por ofensivo, pero que el Presidente se niega a hacerlo.

Es el mismo rasgo amoral y asocial que el Presidente Milei enunciara, cuando postulándose para candidato a Presidente dijo que “El Estado es el pedófilo en el jardín de infantes, con los niños atados y envaselinados”. Tal la metáfora utilizada por aquel que hoy representa al Estado. Un Estado con rasgos de fuerte pedofilia, tal la podredumbre que expresa Milei, que pretende ejercer abuso sobre la población más vulnerable (jubilados, niños con enfermedades graves, autistas y discapacitados).

Milei se convirtió en la casta, pero una casta degradada y podrida, para la que hay que tener mucho estomágo (algunos dicen que lo votaron “tapándose la nariz) para avalar. La sociedad castigó al que venía a castigar (Milei), porque este se convirtió en la versión más degradada del objeto de castigo (la casta). La segunda reflexión es el fracaso de la política económica del gobierno nacional, que se expresa en un núcleo central: “con la baja de la inflación no alcanzó”.

En efecto, casi la única propuesta que a nivel económico presentaba el gobierno es la vuelta de la tasa de inflación a niveles pre-pandemia (cercano al 2%). Es indudable que hay una desaceleración inflacionaria, pero tanto menos cuanto que la sociedad ponderó que es más grave el ajuste que está viviendo. “Ajuste mata inflación” sería una clave de lo que arroja la elección. Y tras el fracaso de la caída de la inflación, lo que queda en cuestión es toda la política económica del Gobierno Nacional: su ajuste en las partidas del presupuesto, y no sólo las que atienden a las problemáticas de los sectores más vulnerables, sino a las que hacen a la transferencia de ingresos a los trabajadores, jubilados, planes sociales y a las provincias; pero también las que tienen efecto dinamizador, como es el caso de la obra pública.

También entra en cuestión la política de apreciación cambiaria y apertura importadora que pone en crisis a las pymes industriales, así como la política de los tarifazos de los servicios públicos, que encarecen los costos de las empresas y quitan demanda de los hogares al mercado interno. Y ni hablar del condicionante máximo de la política económica, que es el FMI y su injerencia en la confección de las políticas económicas gracias a la dependencia que el gobierno se forjó del endeudamiento externo que provee el organismo.

Se trata de un contundente fracaso de la propuesta económica del gobierno, que pone en alerta a los sectores dominantes, que han avalado, sin asco, a este experimento libertario e inhumano que gobierna al país, y que tras los resultados electorales, empieza a vislumbrarse importantes evidencias de incertidumbres en estos actores (rumores de acefalía y cambios en el gobierno nacional). Al fracaso de la política económica se agrega un tercer elemento digno de considerar: el probable efecto contagio que el resultado de las elecciones tenga a nivel nacional en octubre y en el resto de las elecciones provinciales que aún resta.

En este marco, es significativo considerar que el armado electoral de la propuesta del Gobierno Nacional, vía la articulación de Karina Milei con los Menem, se hizo en abierta confrontación con buena parte de los gobernadores que fueron el sostén de apoyo institucional y parlamentario para estos dos primeros años de gestión, y que fueron claves para la estrategia del gobierno nacional (Ley Bases, el Mega DNU, el RIGI, el Veto a los Jubilados).

En el contexto de enfrentamiento con los gobernadores por las elecciones, el resultado electoral del domingo agrega más nafta al fuego a la inestabilidad creciente de la gobernabilidad para la gestión de Milei. El hecho de que la evidencia electoral es la “pérdida de popularidad del gobierno nacional”, supone deteriorar una de las bases más importantes que explicaban el apoyo de los gobernadores, que estuvieron dispuestos a acompañar a Milei en iniciativas controversiales, toda vez que le adjudicaban una gran popularidad (que le dió las elecciones del 2023).

El resultado del domingo expresa la pérdida de un activo de gran importancia para el gobierno, que construyó su gobernabilidad hasta aquí, “ya no son populares” puede ser la conclusión de la liga de gobernadores, para disminuir los incentivos a darle gobernabilidad a un gobierno que está dispuesto a disputarle legitimidad en su propio territorio. Un nuevo factor que debilita la ya desgastada gobernabilidad de Milei, como expresa la escasa adhesión a la convocatoria que recientemente hiciera el gobierno a los gobernadores a la Mesa Política Federal.

Por último la cerrazón interna del gobierno. Si bien Milei sorprendió la noche de los resultados electorales en reconocer la derrota y asumir que se cometieron errores que deben replantearse, lo que dado los conocimientos de su inestabilidad emocional parecía improbable, lo cierto es que en el mismo momento y sin solución de continuidad afirmaba que “el rumbo económico no se va modificar”, que se va a mantener «el ajuste monetario y fiscal”. En este marco la afirmación presidencial excluía a su política económica de la responsabilidad de su fracaso electoral, por lo que sólo cabría esperar modificaciones en el terreno específicamente “político”, y es lo que efectivamente se anució: Mesas Políticas para resolver los errores de la elección.

Lo más parecido a las famosas Comisión no Resolutivas, pero con un agregado no menor: la integración de esta mesa es sólo exclusivamente de los funcionarios más icónicos del gobierno nacional: Karina Milei, Santiago Caputo, Guillermo Francos, Martín Menem, Manuel Adorni, y el propio Presidente Milei. Lejos de una modificación de alguna variable relevante en el plano político, se trata de “más de lo mismo”, una verdadera cerrazón interna del gobierno. Un castigado que, prometiendo modificar su postura, no hace más que reforzarla. Lo más parecido a un niño terrible (inimputable) que frente al castigo social (la derrota electoral) promete portarse bien sólo para continuar con el mismo comportamiento, como lo da cuenta los recientes vetos al financiamiento educativo, a la emergencia pediátrica, y a todo aquello que suponga una mejora en las condiciones de vida de la sociedad. Tal la encrucijada en la que se encuentra la dinámica política, económica y social de nuestro país.

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