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Milei y una política exterior sumisa

por Adolfo Aguirre

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La política internacional de Milei pone a Argentina en un rol indigno, cediendo a las presiones de EE.UU., alineándose con un país como Israel que comete genocidio, y ahora pretendiendo ingresar a la OTAN. Además, todos ellos se oponen a la Causa Malvinas.

Milei lleva apenas cuatro meses al frente del Estado argentino y ya ha roto todo. Dio la espalda a América Latina y eligió a Estados Unidos e Israel como sus referencias globales. Es muy grave manejar las relaciones exteriores basándose en creencias religiosas en lugar de en intereses geoestratégicos, como lo demuestra su insólito anuncio de trasladar la embajada de Tel Aviv a Jerusalén. Este acto es irresponsable y peligroso, ya que la ONU no reconoce a Jerusalén como capital de Israel, y hoy en día los únicos países con embajadas allí son Estados Unidos, Guatemala y Papúa Nueva Guinea. Todo esto sucede mientras Israel perpetra un genocidio en la Franja de Gaza, asesinando al día de hoy a más de 32.000 personas, la mitad de ellos niños.

La verborragia de Milei, invitando al embajador de Israel en Argentina a una reunión de gabinete tras la escalada en el conflicto con Irán, demuestra un absoluto desconocimiento de las reglas de la diplomacia al romper con la tradición de equidistancia, neutralidad activa y respaldo al multilateralismo del país. Implica además una cesión de soberanía.

Estas reacciones simplistas son hechas para la tribuna e ignoran la dinámica en el Medio Oriente, manipulando de forma superficial eventos como los atentados a la AMIA y la Embajada israelí en Buenos Aires.

También muestra una pérdida grave de autonomía estratégica y diplomática el hecho de que la posición internacional del país se pliegue automáticamente y sin miramientos a los intereses de Israel, que fue denunciado ante la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra y de lesa humanidad en la conducción del genocidio perpetrado en Gaza, rompiendo así con la tradición del país de promover los Derechos Humanos como parte de su identidad política internacional.

No debemos olvidar que Israel, como aliado de EE.UU., siempre vota en contra de la Causa Malvinas, es decir, nos aliamos en carácter de sumisión a un bloque que no reconoce los derechos argentinos sobre las islas. Y al igual que los británicos, implanta población en territorios ocupados, como ocurre en Cisjordania con los colonos judíos y en las Malvinas con los kelpers.

Otro punto lamentable es la pretensión de Milei de ingresar a la OTAN como «socio global», subsumiendo a Argentina a las doctrinas belicistas de Estados Unidos y la Unión Europea.

Por eso, la CTA difundió un comunicado de repudio y recordó que Gran Bretaña, Estados Unidos y la OTAN son responsables de la muerte de 649 soldados argentinos, los más de 1.000 heridos y los 450 excombatientes que se suicidaron tras el conflicto. El pueblo y la clase trabajadora jamás olvidarán a los héroes que defendieron la soberanía nacional.

Les recuerdo a Milei y al ministro Petri, que desde 1985 opera en suelo malvinense una base militar nuclear de operaciones de la OTAN.

La política exterior de Milei, sumisa y obediente a las órdenes de Estados Unidos, constituye un insulto que los trabajadores de la CTA repudiamos, al igual que el trato condescendiente y entreguista que el Presidente tuvo en un acto en Tierra del Fuego con la generala del Comando Sur de los Estados Unidos, Laura Richardson, quien ya ha expresado sus apetencias sobre nuestros recursos naturales, como el litio, el agua potable y los recursos nucleares.

Le recuerdo a Milei que una política exterior sumisa solo trae perjuicios para la Argentina.

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