El pasado viernes 6 de febrero, los gobiernos de Estados Unidos y Argentina hicieron público el texto de lo que titularon “Acuerdo sobre Comercio e Inversión Recíprocos”. Sin embargo, su contenido y redacción representan la entrega de soberanía y capacidad de decisión de nuestro país en áreas claves de la política económica y su subordinación a los intereses y estrategia de Washington. Desde CNTI-CTAA advertimos que, de adoptarse, varios sectores clave para el desarrollo soberano de nuestro país correrán un grave riesgo.
La redacción del texto es suficiente para insinuar que no hay tal reciprocidad y que el acuerdo es, más bien, uno de sumisión de nuestro país. Contiene 113 obligaciones y concesiones de Argentina en materia comercial, regulatoria y arancelaria, mientras que Estados Unidos solo cuenta con 10, de las cuales 8 son mutuas.
Entre sus artículos, Argentina se compromete a limitar la manera en la que respalda a sus empresas estatales “para competir en igualdad de condiciones” con las compañías estadounidenses en nuestro mercado nacional. A su vez, se determina que nuestro país deberá facilitar “la inversión estadounidense en su territorio para explorar, extraer, refinar, procesar, transportar, distribuir y exportar minerales y recursos energéticos críticos, así como para proporcionar servicios de generación de energía, telecomunicaciones, transporte e infraestructura en condiciones no menos favorables que las que concede a sus propios inversionistas”. Considerando las asimetrías entre nuestras economías, es evidente que no existe tal “igualdad de condiciones” como se la invoca, y esto solo facilitaría la colonización de nuestro país como un mercado cautivo al servicio de los intereses estadounidenses.
El acuerdo ata de manos a la Argentina para establecer sus propias prácticas de certificación y patentamiento de productos importados, subordinándose a las estadounidenses. En sectores como el automovilístico, de dispositivos médicos y farmacéuticos, se impide la posibilidad de elaborar estándares de calidad locales, conformándose con los criterios de las agencias estadunidenses.
A cambio de una apertura del mercado norteamericano, cuya materialización quedaría por verse, Argentina entrega áreas de decisión enteras a los designios de Washington. Abundan los ejemplos que detallan como nuestro país abandona toda pretensión de soberanía. La sección 4 sobre “Seguridad Nacional y Económica” establece que “si Estados Unidos adopta una medida fronteriza u otra acción comercial y considera que dicha medida es relevante para proteger la seguridad económica o nacional de Estados Unidos, Argentina, cuando sea apropiado, adoptará una medida con un efecto similar a la medida adoptada por Estados Unidos”. De la misma manera, Argentina queda comprometida a acompañar la política norteamericana de sanciones y de control de exportaciones.
Esto no es un acuerdo comercial, es una declaración de rendición incondicional firmado con EE.UU. pretende dar por enterrado el contrato con China por la construcción de una cuarta central nuclear, pero también restringe fuertemente la seguridad de suministros para los combustibles nucleares de nuestros reactores. Esto se da en medio de una crisis para abastecer a nuestro sistema de uranio enriquecido y acceder a los insumos necesarios para la fabricación de vainas requeridas para los combustibles nacionales. Que Argentina se comprometa de antemano a limitar sus opciones de suministro convierte a nuestro sector nuclear en rehén de los intereses y directivas de Washington. Eso se comprueba en el artículo referido al sector, el cual establecer que “Argentina no comprará reactores nucleares, barras de combustible ni uranio enriquecido a determinados países”. La redacción, deliberadamente ambigua, parece dejar a criterio de Washington la definición de con quién cooperaremos y nos relacionaremos en materia nuclear.
Esta lógica se repite en otros sectores estratégicos como el satelital, digital y de telecomunicaciones, el texto parece redactado de forma de excluir toda posibilidad de intercambio o cooperación con China y cualquier otro competidor de los intereses de Washington. En materia digital, Argentina se compromete a no requerir acceso o transferencia de código fuente o cualquier otra pieza de propiedad intelectual, impidiendo así toda forma de transferencia de tecnología que podría propiciar el desarrollo local del sector, haciendo de nuestro país un mero cliente.
Hemos visto a otros países desestabilizados, bloqueados o invadidos para imponer una agenda acorde a la política exterior estadounidense. En el caso del actual gobierno de sumisión nacional, presidido por Javier Milei, lo vemos postrarse felizmente y convertir a nuestro país en un mero satélite, mercado cautivo y reserva de materias primas para la economía norteamericana.
Desde CNTI-CTAA, denunciamos que el costo es la dignidad, el bienestar de nuestro pueblo, la independencia efectiva de la Argentina y sus posibilidades de crear un camino de desarrollo autónomo. Todo legislador y dirigente, sin importar su pertenencia partidaria, que tenga la más mínima consideración por estas cuestiones debería rechazar este acuerdo de rendición incondicional.