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No a la baja de edad de punibilidad

Omar Giuliani, Secretario de Acción Social de la Central y Secretario General de la Federación Nacional Territorial (FeNaT), emitió un comunicado rechazando el proyecto del gobierno de baja de edad de punibilidad a 14 años.
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«Las niñeces son el terreno más fértil para sembrar la semilla del futuro que soñamos. Por eso mismo, son también el territorio más disputado.

«Quienes impulsan la baja de la edad de punibilidad saben que no es una solución. Son conscientes de que el problema, tal como lo presentan, no existe en los términos que describen: no hay una epidemia de «delincuencia juvenil». Las estadísticas son claras, por más difícil que sea hacerlas valer en tiempos donde la información real y los argumentos son reemplazados por la emoción provocada, artificialmente, desde los medios y las redes sociales, en campañas de odio que buscan violentar a las audiencias.

«Lo real es que cada día son más los niños y niñas condenados a un presente de miseria perpetua. Así, inevitablemente, nuevas adolescencias son arrojadas como reclutas a la cantera de «soldaditos» del menudeo de drogas o atrapadas en los horrores de la trata. Lo decimos una vez más: los que están en peligro son los pibes y las pibas.

«Podemos seguir rebatiendo lo que el Poder dice hasta el infinito: la baja es inmoral, inútil y resultará contraproducente incluso para el objetivo que declara buscar. Por eso, tal vez sea hora de hablar de lo que no se dice, aunque cada vez resulte más difícil encontrar oídos bien dispuestos. Si sabemos que no quieren mejorar nuestra seguridad ni nuestra calidad de vida… ¿cuánto tiempo más vamos a seguir explicando que lo que proponen no sirve? Es necesario ahondar en sus objetivos a largo plazo.

«Los mercaderes de la política, administradores menores del aparato del Poder, impulsan la baja de la edad de punibilidad por simple demagogia. Porque, aunque no nos guste, la mano dura «garpa». Les rinde beneficios a sus propagandistas. Por eso siempre se embanderan en esta cruzada en períodos preelectorales o, como ahora, cuando todos y todas suben la apuesta en la timba de fidelizar sus tribunas de supremacistas de cabotaje.

«¿Por qué encarcelar al piberío? No es, de ninguna manera, un tema de seguridad. La idea de que todo niño pobre es un criminal no es nueva: nos acompaña desde los orígenes mismos de nuestro país. Es parte de un añejo sistema de disciplinamiento social.

«En 1901, durante la presidencia de Julio Argentino Roca, se instauró el Servicio Militar Obligatorio. Fue una herramienta clave para la homogeneización de la masa popular que amenazaba con desbordar los límites del modelo oligárquico agroexportador. A lo largo del siglo XX, la «colimba» se constituyó en una máquina de legitimar la tutela del poder militar sobre la sociedad civil. Probablemente, solo quienes han pasado por ella —y además de contar anécdotas superficialmente graciosas, han reflexionado al respecto— puedan dar cuenta real del impacto que tuvo en sus vidas. Generaciones y generaciones de jóvenes fueron forzados a soportar, todavía «tiernitos», la bota sobre sus cabezas. Después de un año o dos de hostigamiento constante, ¿por qué sería inaceptable que un día aparecieran los tanques en las calles y empezara a mandar alguien con uniforme?

«Los mismos sectores que hoy impulsan la baja sancionaron en 1902 la Ley de Residencia, para expulsar extranjeros «molestos». En 1919, aprobaron la Ley Agote, que habilitaba al Estado a hacerse cargo de los niños y adolescentes considerados en «peligro moral o material» (peligro para el Poder, claro). Como la baja actual, el tema había tenido un largo ir y venir parlamentario durante tres lustros, pero encontró «su momento» después de la Semana Trágica. Su impulsor, el médico conservador Luis Agote, había presentado el proyecto por primera vez en 1906. Con la internación en institutos de los hijos e hijas de la clase trabajadora, la Ley de Patronato enraizaba en los «remates de indios» y se entroncó con el plan sistemático de apropiación de bebés de la última dictadura. Hasta bien entrado el siglo XXI, constituyó una parte sustancial del andamiaje legal para la enajenación de los cuerpos: los vencedores disponen de los vencidos.

«Estas continuidades tienen un eje en común. Ser niño o niña son momentos etarios, temporales, ligados al desarrollo biológico. «Las niñeces», en cambio, son construcciones culturales que dependen de las condiciones de la sociedad que las define y, fundamentalmente, de qué sectores hegemonizan esa sociedad.

«Las niñeces son el terreno más fértil para sembrar la semilla del futuro digno. Por eso son un territorio en disputa.

«El proyecto neocolonial, extractivista y reprimarizador de hoy necesita la reducción a la servidumbre de los y las trabajadoras, sea cual sea su condición. El saqueo necesita la anulación de todo atisbo de resistencia presente. Necesita desterrar, desde y en las niñeces populares, hasta el último anhelo de cambio. Por eso van por ellos y ellas, nuestros hijos e hijas, que son potencialmente los hacedores de un mañana más justo.

«Seguimos diciendo no a la baja de la punibilidad de nuestras niñeces. Las balas que matan, las rejas que encierran, no solamente golpean cada vez más duro: la criminalización multiplica la crueldad del presente para ponerle grilletes a la posibilidad de un futuro con justicia social.

«Y no solamente decimos No: antes que nada, hacemos.

«Todos los días, las organizaciones de niñez y las múltiples experiencias territoriales del campo popular cuidamos, protegemos y organizamos a nuestro piberío. Es por ahí, lo sabemos. Cada acto de amor, cada abrazo, cada mirada atenta sana el hoy y pinta con nuestros sueños el posible futuro.»

¡Con ternura venceremos!

 

Omar Giuliani, educador.

Secretario General de FeNaT.

Secretario de Acción Social de CTA Autónoma.

 

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