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La fuerza motriz de los hechos

por Juan Carlos Giuliani

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La dramática situación por la que atraviesa nuestro pueblo no deja espacio para la contemplación. El Gobierno Nacional dispuso una poda fenomenal en el Presupuesto equivalente a 70 mil millones de pesos en Educación; 10 mil millones en Salud y 50 mil millones en vivienda (Plan Procrear).

Mientras mete la tijera recortando partidas en áreas claves vinculadas a la educación, la vivienda, la salud, la conectividad y la infraestructura, entre otras, no se revisan las importantes exenciones tributarias que benefician al poder económico y a los sectores más acomodados.

El ajuste está en plena ejecución para cumplir con las imposiciones del FMI y se profundizará con los tarifazos en el gas, la luz y el agua, en tanto sigue el festival de remarcación de precios y, consecuentemente, crece de manera geométrica el empobrecimiento de trabajadores y jubilados vía inflación.

Falta decisión política para emprender caminos diferentes a los que proponen el conformismo y la subordinación. La voluntad de ser protagonistas y no simples comentaristas de una realidad que duele hasta los huesos aparece ausente en esta contienda. Gran parte de la militancia cree que no se puede hacer nada para cambiar el actual estado de situación totalmente desfavorable para el campo popular. El ‘posibilismo’ anula la acción, inmoviliza, siembra resignación y ofrece como única alternativa optar por el mal menor. Tira todo para atrás cuando hay que ir para adelante.

Las consecuencias del desastre social las padecemos en carne propia todos los días. Lo que se necesita es entrar en acción. Para que se mueva la aguja hay que hacer lío, buscar camorra, armar quilombo, porque -como dice el tango- si el músculo duerme la ambición descansa. Y no es momento de reposo. Hoy es tiempo de hacer, de parar, de marchar, de confrontar. De disputar la calle a la restauración oligárquica y cuestionar de raíz una democracia colonial que durante casi cuatro décadas condena a la mayoría de la población a sobrevivir en la pobreza y la marginación.

En tiempos inciertos, la opinión vale como una orientación, una guía, una brújula para no perdernos en medio de la tormenta. Pero lo único que puede modificar la realidad no son los dichos, es la fuerza incontrastable de los hechos. Después de todo, mejor que decir es hacer y mejor que prometer es realizar.

Nadie tiene la receta para salir de este atolladero. La clave es que esa salida sea colectiva. Como sucedió en tantas otras ocasiones de nuestra historia, habrá que recurrir a la práctica para derrotar el dogmatismo. Un ejercicio de ensayo y error hasta encontrar la luz al final del túnel.

El puntapié para recuperar la iniciativa es saber qué queremos, y confiar. Porque nada sólido se puede construir sin confianza.

Don Arturo Jauretche lo decía con claridad: “Esperar qué pasa y ver recién ahí qué curso de acción se toma es de improvisados. La política virtuosa tiene sentido de la oportunidad. Lo que no es lo mismo que ser oportunista. El oportunista aguarda la oportunidad, a menudo una oportunidad muy pequeña, irrelevante. El virtuoso se empeña en buscarla, tiende a contribuir a su llegada. No sabe cómo ni cuándo ni dónde. Simplemente, se prepara, convencido de que marcha por la vía correcta”.

Y hablando a cuenta de si existe la correlación de fuerzas con el enemigo para emprender tamaño desafío agregaba: “La Revolución, así sea pacífica, no es como la inauguración de una casa nueva bien pintada y con jardín al frente. Por el contrario, está terminado el comedor y falta el cuarto de baño, la mezcla anda derramada por el suelo y se choca en todas partes con baldes y escaleras”.

Construyamos una mirada –crítica, autónoma- desde la acción. Porque a las palabras se las lleva el viento. Si no se lucha en defensa de lo que nos queda para reconquistar los derechos que nos vienen arrebatando con absoluta impunidad desde hace años, no tendremos destino como Pueblo y Nación.

Darle un tratamiento correcto a las contradicciones en el seno del pueblo ayudará a distinguir lo principal de lo secundario. Finalmente -como afirmaba Mao- las ideas correctas solo pueden provenir de la práctica social, no son algo que cae del cielo.

Unidad de acción y concepción para llevar adelante una estrategia integral de poder popular.

Perón confesaba que “la acción está siempre por sobre la concepción. La unidad de concepción está en la teoría y en la doctrina; y la unidad de acción está en la buena conducción del conjunto de esta doctrina y de esta teoría. Vale decir que se trata de poner en marcha no solamente la idea para que ella sea difundida, sino la fuerza motriz necesaria para que esa idea sea realizada”.

Que el árbol no tape el bosque. A buen entendedor, pocas palabras

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