Primero se hicieron los amigos, nos prometieron mejores salarios, pero en cuanto sabían que iban a ganar comenzaron a insultarnos, nos llamaron “kukas” “peronchos” “zurditos” y hasta “orcos”, generando un proceso de despersonalización sobre nuestras vidas; no somos para ellos seres humanos sino personajes de ficción que hay que eliminar
Luego de los insultos vinieron las amenazas: “van a sufrir” dijeron y como ya no somos personas, cualquier daño que se infrinja a nuestra forma de vida no causa culpa o remordimiento. Una turba de insensatos los siguió, al amparo de la efímera convicción de que odiar es lo correcto, y con una manifiesta incapacidad para comprender la naturaleza humana, por eso ellos se autoproclamaron “gente de bien” para declarar que los malos éramos nosotros, haciendo alarde de una corrupta ausencia de autocrítica sobre su existencia.
Esto se vio claramente en nuestras cárceles con un aumento indiscriminado de las penas y las ofensas que recibieron las personas con discapacidad, ¿por qué no golpear a los jubilados si son “viejos meados” que ya no sirven?
Para ello también improvisaron y difundieron en redes y medios esas ideas gracias a comunicadores mercenarios y construyeron alambicadas teorías económicas y sociales, para evitar encontrarse de frente con el único concepto sobre el que el Observatorio, el pueblo y el justicialismo fundamentan su doctrina: el principio de dignidad humana y los derechos humanos que de él derivan.
A la par que se proclamaban sionistas y se aliaban con potencias extranjeras, comenzaron los ataques sistemáticos: la salud pública, la educación, la investigación científica, la discapacidad, los jubilados, los organismos del estado, etc. Así no solo hubo problemas para vivir, para comer, para viajar, sino que la tristeza se apoderó de las familias argentinas. Nos dijeron que éramos idiotas, que no entendíamos de economía, que debíamos ser emprendedores, de trabajar para el mercado, cuando la realidad tangible muestra que dada vez cierran más fábricas y comercios.
También comenzaron a aparecer noticias de negociados poco claros entre ellos, que beneficiaban empresas amigas, con la ayuda imprescindible de representantes del pueblo y las provincias, que como aliados estratégicos formaron un frente común para asfixiarnos. Si vemos lo que paso en otros países, donde los discapacitados eran eliminados porque costaba muy caro mantenerlos y los intelectuales y profesores debieron emigrar o terminaron en fosas comunes, nos damos cuenta de que la situación excede los análisis de las teorías de la política o la economía.
Es que la lucha por el poder necesita del Estado, porque es el marco en el que se desenvuelve, pero cuando se desconoce su poder en el incumplimiento de sus leyes, como el caso de las universidades, está claro que el objetivo es también el propio Estado.
Los diccionarios llaman a todo esto un proceso de “guerra híbrida” es decir aquella que no se desarrolla con tanques o soldados y ni siquiera declaraciones de guerra, sino que se trata de un proceso más largo y subrepticio, que incluye la mentira, las noticias falsas, espionaje por las redes, manipulación política, cortes de suministros esenciales como salud, educación, transporte, servicios públicos, etc. Así se busca crear confusión, caos, desmoralización y colapso social/económico, evitando el desgaste de una guerra convencional directa…y todo es más fácil cuando el enemigo se alía con quienes están en el poder.
¿Hay mayor prueba de esto que la paralización de todas las obras públicas condenando a la población a la vetustez y deterioro de sus redes camineras, de ferrocarril, de infraestructura aeronáutica, portuaria, etc.? Es una estrategia que tiene el mismo efecto que un bombardeo, aunque más lento, pero también más barato.
Ni hablemos de la presencia de tropas extranjeras en nuestro territorio… o la nula o escasa ayuda en los desastres naturales, como los incendios en la Patagonia, pareciera que cuanto más daño, mejor.
El problema es que no lo vemos como guerra, porque el enemigo es interno, si tuviéramos una flota o un ejército en nuestras fronteras lo veríamos más claramente, pero como se trata de traidores al ser humano entre nosotros, no podemos identificar bandos porque se esconden entre discursos y todo lo atribuimos a la política. Tal vez este sea el gran problema de los argentinos, resistimos heroicamente a invasores externos sin dudarlo, trescientos años de lucha en la Guerra de Arauco con los hermanos chilenos y más de una década en la Guerra de los Valles Calchaquíes porque los poderosos de aquella época nos querían esclavizar por medio de las encomiendas, en las minas de la cordillera o en los campos de Córdoba.
Hay ciertos elementos en los análisis históricos que se repiten…cambian los medios, pero no los fines…
Pero la sociedad no recuerda que la historia se repite y tiende a creer que todo esto es obra de un loco, de un desquiciado o del gracioso desenfado de un presidente “puteador”, cuando en realidad es todo lo contrario, se trata del resultado de un proceso de lucidez mental llamativa, que muchos no quieren ver, tal vez su visión esta obstruida por incentivos económicos. Pero aún si se obtuviera una declaración médica de incapacidad, esta no alcanzaría a todo un gobierno, presuntamente con jueces y legisladores incluidos, poderes donde la objeción de conciencia hasta ahora ha brillado por su ausencia, más bien parece que la obediencia debida (también conocida como “lealtad partidaria”) pasó a ser el principal argumento para dejar a los enfermos sin remedios, a los comedores de los pobres sin alimentos y a los enfermos de cáncer sin medicación.
En este cuadro situacional hay espacios de mayor fricción o “fronteras calientes” donde la violación a la dignidad humana es más tangible y es denunciada por personas que sufren tanto en los así llamados territorios como en las instituciones “totales” en los más débiles de la sociedad, como los enfermos, ancianos, discapacitados, privados de la libertad, migrantes, etc.
Es esta la misión del observatorio, porque de manera organizada, estratégica y sostenida a lo largo de los años ira realizando acciones, formación, capacitaciones y denuncias, formando militantes con la misma vocación de protección de los débiles en un contexto social inhóspito y agresivo de políticas liberales.
Por eso la estrategia es la misma que acabamos de describir y que copiamos del agresor: la lucha híbrida, que por distintos medios que armará estrategias de defensa de la dignidad humana de acuerdo con cada caso en particular, dando prioridad – por el momento – a tres armas para la lucha: la vergüenza de los agresores y la palabra y mirada del pueblo trabajador.
El fin es muy concreto: defender a los más débiles en esta suerte de “Guerra Libertaria” en la que nuevamente y desde el principio de los tiempos, los argentinos bien nacidos estamos obligados a presentar la lucha por nuestra dignidad en este pedazo de mundo que nos quieren arrebatar.
Lic. Gustavo Segovia
Dr. Marcelo Prado
Observatorio contra la violencia institucional y prevención de la tortura (OCVIPT) de la CTA Autónoma.