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3 J: La justicia sigue siendo sorda a nuestras denuncias

por Olga Reinoso

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A 6 años del Ni Una Menos seguimos en la calle y en las redes porque nos siguen matando, nos siguen violentando, seguimos denunciando y continúan los portazos en nuestros rostros, en comisarías y en juzgados. con 85 feminicidios en lo que va del 2021 y muchos mas intentos fracasados, comprobamos que nuestro grito debe continuar y que necesitamos transformaciones profundas para terminar definitivamente con la violencia machista.

Según el Observatorio Ahora Que Si Nos Ven del 1 de enero al 29 de abril de 2021 se registraron 85 femicidios, un feminicidio cada 34 horas, pero también que 66 mujeres sufrieron intentos de femicidios y pudieron salvarse. Nosotras mas que nadie sabemos donde ocurre la violencia, donde empieza y como puede llegar a terminar, por eso denunciamos, por ello acudimos a los lugares dispuestos, pero muchas veces no encontramos respuestas, durante el confinamiento nuestros hogares se transformaron en los sitios mas peligrosos para aquellas que sufren violencia, en ese lugar vulnerable es donde queremos estar, para que ninguna de nuestra compañeras tenga un trágico final.

Sin embargo y mas allá de algunas excepciones vemos como las denuncias rebotan en los juzgados judiciales, vemos como se evitan las restricciones, y como las compañeras en los barrios mas periféricos no llegan ni siquiera a golpear las puertas de los estrados antes de ser violentadas. La falta de acceso, el centralismo y la esencia patriarcal del poder judicial tuercen nuestros ánimos y nos condenan a colas interminables, de trámites interminables y sin contención.

El abordaje debe ser integral, porque la violencia es cultural, económica, psicológica, política y judicial. La precarizacion también es violencia , cientos de compañeras sin poder tener seguridad social, donde la brecha salarial pone a las mujeres en relaciones desigual de poder marcando fuertemente como el sistema capitalista y patriarcal nos oprime.
Una reforma judicial feminista es urgente para terminar con una larga historia de oscurantismo, ocultamiento, abuso de poder y permanente violencia hacia lxs géneros, jueces enquistados por generaciones y generaciones, inamovibles, vitalicios y sin control alguno, familias de juristas que nunca fueron electos por el pueblo, proveen a nuestras democracias justicias poco transparentes, pero fundamentalmente demoran nuestras causas y evitan la transformación para adentro del poder judicial, porque es inminente en cada lugar, en cada hogar en cada pueblo, el patriarcado se va a caer, pero si no hacemos algo, los que nos condenan, los que condenan a los femicidas no están formados judicial, ni culturalmente para semejante tarea, con pocas excepciones.

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