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La Patria hambreada

En un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo decimos que con salarios de hambre y desempleo no hay cuidado de la salud ni de la vida.
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En la escuela y en nuestros hogares hemos aprendido y dado un sentido especial al mes de mayo, al mes de la revolución que marcó el inicio del fin del colonialismo español. El 25 patrio, ese que siempre hemos festejado entre locros, asado, empanadas y pastelitos, tiene en el pueblo una especial importancia y es, al mismo tiempo, generador de una simpatía insatisfecha, contradictoria o fallida.

Las perspectivas incumplidas de la Revolución parecen entrar en un bucle eterno que llega hasta nuestros días, la felicidad que se demora, la plenitud que nos esquiva y el hambre que nos persigue, que nos alcanza, o nos pasa…y el miedo a caer, o a volver a caer, o a seguir cayendo.

Este año nos encuentra nuevamente en pandemia, socialmente aislados, civilmente limitados, pero siempre en el puesto de trabajo, sin prestarse a discusión. Los gobiernos responsabilizan a la población de la gravedad de la crisis sanitaria, del desarrollo de la enfermedad y de la muerte, como si los trabajadores y trabajadoras hubiéramos tomado las decisiones que nos trajeron hasta acá.

Estamos arañando en Rosario el 16% de desocupación, 40% de precarización laboral, salarios por debajo de la canasta familiar, una pobreza infantil que llega nacionalmente al 65% (rozando el 73% en el conurbano bonaerense) y una inflación entre 3.5 y 4.5%  mensual. La situación es insostenible y todo indica que seguirá profundizándose.

Frente a la desidia y el desasosiego  tenemos que mostrar cara, tomar partido y llenarnos de valor. Debemos retomar la senda que reivindicamos cada 25 de mayo. La de rechazar el sometimiento a cualquier imperio, incluso sea el de las patronales que nos quieren hacer trabajar como si nada ocurriera, pagándonos cada vez menos, y recortando nuestros derechos. La de la denuncia a los gobiernos que los encubren y protegen mientras pagan deudas ilegitimas a organismos financieros internacionales.

La pandemia de COVID 19 nos volvió a la defensa de dos derechos inalienables: la prioridad hoy es cuidar la salud y defender la vida. ¿Es posible cuidar nuestra salud si no podemos asegurarnos una buena alimentación, o si mañana nos quedamos sin hogar y debemos apiñarnos en alguna pieza? ¿Dónde queda la vida  si no hay camas libres para Covid, o si un narco, por error, nos revienta a balazos, o si tenemos un accidente vial o laboral pero el sistema de Riesgos de Trabajo cada vez nos exige más demostración a las víctimas que prevención a los empresarios?

Solo es posible frenar la pandemia si paramos la circulación, y esto solo será posible si aseguramos  los medios de vida para toda la población. Es necesario y urgente una renta básica universal para todos los trabajadores y trabajadoras, más allá de si se encuentran registrados o no, si están precarizados, si son asalariados o cuentapropistas, si son trabajadores permanentes, intermitentes o están desempleados. Dado que el dinero no se cría a sí mismo, la discusión es qué se hace con el dinero que hemos generado con el fruto de nuestro trabajo, ¿quedarán en las cuentas privadas de las empresas, en los organismos financieros, o volverá como renta al pueblo?

Desde las costas de este Río Paraná de población rebelde que una vez se encadenó a él para defender la soberanía, insistimos en que la cuenca de agua dulce más importante del país y reservorio de un ecosistema rico y complejo, no puede renombrarse como autopista de los negocios de los que siempre ganan a costas del hambre y enfermedad de nuestra gente. El término Hidrovía es un invento neoliberal de un plan regional para bajar los costos del drenaje de las venas de nuestra tierra.

Exigimos intervención y control estatal sobre la vía navegable, para garantizar la sanidad ambiental, potestad nacional sobre la cuenca, desarticular los negocios ilegales y la evasión y elusión fiscal de las multinacionales, conservando los puestos laborales de las diversas actividades ligadas al río y generando nuevos, con la creación de una marina mercante nacional. Áreas estatales como Sanidad de Frontera, Senasa, Vías Navegables, deben dotarse de recursos necesarios para recuperar las riendas del futuro nacional.

Este 25 digamos que ya no queremos seguir muriendo, asumamos el compromiso de construir nuestro presente y hacer historia defendiendo nuestros derechos. Merecemos una existencia íntegra, plena y feliz, tal como soñamos desde aquél mayo de 1810 y por lo que muchos y muchas han entregado la vida.

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