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Menos empleo formal: Por qué el cambio que atraviesa el mercado laboral debería preocupar a los trabajadores

El investigador Luis Campos cuestionó el avance de la informalidad y el cuentapropismo y advirtió que no sólo implican menos ingresos y derechos: también tensionan el financiamiento de la seguridad social. ¿Qué tipo de estructura del trabajo se está gestando?
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Redacción Canal Abierto | Hay una forma engañosa de mirar el mercado laboral: contar cuántas personas tienen trabajo y concluir que, mientras la desocupación no aumente, el problema no es tan grave. Pero una persona puede seguir trabajando y, al mismo tiempo, ganar menos, perder derechos y quedar fuera de la seguridad social. Esa es la discusión que Luis Campos, investigador del Instituto de Estudios y Formación (IEF) de la CTA Autónoma, volvió a poner sobre la mesa a través de un hilo publicado en X.

Su línea de partida es deliberadamente provocadora:

“Hemos llegado al punto de tener que explicar lo obvio, al igual que un astrónomo o un geógrafo cuando tienen que demostrar que la Tierra no es plana”.

A partir de allí, enumera las consecuencias del desplazamiento desde el empleo registrado hacia la informalidad y el trabajo por cuenta propia.

La primera tiene que ver con un sistema que suele permanecer fuera de la discusión cotidiana: la seguridad social. Los trabajadores informales y cuentapropistas realizan, en términos generales, aportes mucho menores que los asalariados registrados. Por eso Campos advierte que, si la tendencia continúa, “más temprano que tarde el financiamiento de jubilaciones y asignaciones familiares va a ser (más) insostenible”.

No se trata solamente de una cuestión contable. Menos empleo registrado significa una menor base de aportes para sostener derechos que exceden al trabajador individual y forman parte de un sistema colectivo de protección.

Trabajar más para ganar menos

El segundo problema aparece directamente en los hogares. Según Campos, “el salario en el sector informal y en el cuentapropismo es mucho más bajo”. El desplazamiento hacia esas modalidades puede no generar un aumento de la tasa de desempleo, pero sí una caída de los ingresos disponibles.

La respuesta de las familias suele ser aumentar la cantidad de trabajo: más horas, más integrantes buscando ingresos o ambas cosas. Como sintetiza el investigador: “El desplazamiento a estos sectores no aumenta el desempleo, pero disminuye los ingresos de los hogares que tienen que compensarlos con más horas de trabajo o con más trabajadores”.

La precarización también implica perder derechos que suelen quedar invisibilizados cuando el debate se reduce al salario. Campos apunta que no se trata solamente de vacaciones pagas o aguinaldo. También están en juego las protecciones frente a la enfermedad y los accidentes: “Si te accidentás trabajando, problema tuyo (y de tu familia)”.

La frase resume una diferencia sustancial entre tener una ocupación y tener un empleo protegido.

Cuando el trabajo se convierte en refugio

Campos también discute la idea de que los trabajadores eligen masivamente la informalidad porque prefieren esa modalidad. “Los trabajadores no migran de una ocupación a otra por voluntad sino por necesidad”, plantea.

El dato que permite entender esa afirmación es qué actividades están explicando el crecimiento del empleo. Comercio, transporte, casas particulares y restaurantes aparecen como sectores relevantes. Para el investigador, se trata de “modalidades refugio”: ocupaciones que permiten generar algún ingreso frente a un mercado laboral que ofrece pocas alternativas.

En este punto aparece una de las paradojas centrales del fenómeno. La persona tiene trabajo, pero el trabajo no necesariamente permite salir de la precariedad. “El desempleo es un lujo demasiado caro”, resume Campos.

La cuestión también es productiva. Los empleos informales y no asalariados presentan, según su análisis, una productividad mucho menor que los puestos formales. Por eso, la expansión de estas modalidades no sería únicamente una transformación de las relaciones laborales: también puede ser el síntoma de una economía con dificultades para generar empleos de mayor productividad.

¿Una tendencia inevitable?

Campos introduce una precisión que complejiza cualquier lectura coyuntural: “El gobierno no inventó esta dinámica. El empleo por cuenta propia viene creciendo desde hace muchos años, mínimo desde 2012”.

El problema, entonces, no sería atribuirle al Gobierno de Javier Milei el origen de una tendencia previa, sino discutir qué hace frente a ella. La crítica del investigador es que el oficialismo no estaría modificando esa trayectoria sino intentando justificarla.

Porque el trabajo por cuenta propia también puede ser una elección legítima. Campos lo reconoce: “hay incentivos para que muchas personas opten por trabajar por su cuenta”. El problema aparece cuando esa elección deja de ser una alternativa y se transforma en la única salida disponible.

En el fondo, sostiene, lo que está en juego es mucho más que la composición de las estadísticas laborales: “lo que se discute es el tipo de sociedad que estamos construyendo”.

Y allí aparece la definición más política de su planteo:

“El reino del empleo informal y el cuentapropismo es el sálvese quien pueda”.

Una economía puede exhibir una tasa de desempleo relativamente estable y, sin embargo, estar deteriorando las condiciones en las que trabaja una parte creciente de su población. La discusión sobre el empleo, por eso, no debería limitarse a cuántas personas trabajan. También importa cómo trabajan, cuánto ganan, qué derechos conservan y qué protección tendrán cuando no puedan hacerlo.

Ilustración: Marcelo Spotti

 

Fuente: https://canalabierto.com.ar

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