La reciente aprobación de la Reforma de la Ley de Glaciares, nos vuelve a mostrar al Gobierno Nacional avanzando con sus proyectos de reformas “estructurales”, que en rigor son una vuelta de tuerca al proyecto neoliberal que lleva medio siglo de instalación en Argentina, y que siempre es necesario recordar que su implantación no fue sin el despligue de la barbarie a un nivel realmente fundacional, sólo omparable salvando las distancias a lo que fue la masacre / conquista del “desierto”. No fue sin la instauración del Estado Terrorista y la secuela de 30.000 desaparecidos como se puso en marcha el Proyecto Neoliberal, que hoy continúa por vía de la civilizada práctica del voto democrático. Civilización y Barbarie como parte del ADN de la historia y la política argentina. Civilización Neoliberal que requirió la Barbarie Militar como punto de arranque del Proyecto Neoliberal de los sectores dominantes, tanto como el Proyecto Nacional Liberal de la generación del 80, esa que tanto admira Milei, necesito inventarse la ficción de la Barbarie de los Federales para fundar la Argentina Unitaria con aspiraciones Europeas. Barbarie que hoy asume Milei bajo la forma de la “Motosierra” para intentar darle oxígeno a un Orden Neoliberal que oculta su «barbarie” de exclusiones y desigualdades invirtiendo los efectos causales que la producen: asignando toda la responsabilidad a una parte del sistema político, “los kukas”, “la Campora”, los “sindicalistas” considerados como “castas”, mientras excluyen a la parte más rancia del sistema político (PRO, UCR, PJ provincial) y dejan indemnes a la verdadera “casta” económica, política, social y cultural; mientras profundizan la desigualdad y la exclusión social al interior de los sectores populares.
La barbarie avanza en nombre de la civilización, tal uno de los posibles usos que se puede hacer de este par dicotómico y conceptual que está en buena parte de la raíz de la impronta argentina. Así, la reciente aprobación de la Reforma de la Ley de Glaciares que se suma a la Ley de “Modernización” Laboral, donde lo “moderno” es la barbarie de quitar derechos, y la sanción del Régimen Penal Juvenil, que instaura la barbarie de poder imputar a niños de 14 años sumidos en situaciones de pobreza y violencia, son unos botones más del muestrario de Barbarie que caracteriza la Propuesta Civilizatoria del Gobierno Libertario, luego del triunfo electoral de medio término a finales del 2025.
Resulta oportuno considerar que el Gobierno de Milei, a pesar de responder a los mismos intereses, tiene una diferencia fundamental con el que encarnó la experiencia del Gobierno de Macri (2015 – 2019). Los sectores dominantes tienen con Milei una experiencia de gobierno que no le tiembla el pulso para avanzar y conseguir hitos significativos para los sectores dominantes, como es el caso de las reformas reseñadas (Avance en la Minería, nada menos que una Reforma Laboral y la baja en la edad de la imputabilidad en los menores). No está atado al titubeo Macrista que se expresaba en el dilema entre “Halcones y Palomas” al interior del Gabinete y que suponía una diferencia entre aquellos que quería un gobierno macrista que fuera a fondo con las reformas pendientes de los sectores dominantes, y aquellos que abogaban por un enfoque “gradualista” que fue el que finalmente prevaleció.
Por el contrario, en el caso de Milei, se trata de un gobierno que ya desde el inicio mostró su vocación concreta de llevar adelante y conseguir verdaderas reformas estructurales en beneficio de la élite económica, política y social de la Argentina, y que lo logró aún en minoría parlamentaria, vía el acuerdo con el Macrismo, con importantes fracciones del Partido Radical y no menos importante el apoyo de diputados y senadores pertenecientes al Partido Justicialista. En ese marco de no-mayoría el Gobierno de Milei logró nada menos que la Ley Bases, que permitió la implantación del RIGI para que exhimir del pago de impuestos a las mega-inversiones, la activación de un nuevo proceso de Privatizaciones, la Reforma del Estado, el Blanqueo de Capitales, La Ley de Inocencia Fiscal que premia a los evasores y a los flujos de capitales de operaciones ilegales (narcotráfico, trata de personas, etc), entre otras tantas iniciativas. Y es en este punto donde se abre el interrogante que anima a este texto. Si con minoría parlamentaria en su primeros dos años de gestión, el gobierno logró importantes triunfos legislativos, ¿a dónde puede llevarnos ahora que cuenta con mayoría prácticamente automática en las dos Cámaras? La reciente sanciones de la Ley de Glaciares, la de la Reforma Laboral y el Régimen Penal Juvenil, son ya una parte de la respuesta a este interrogante. Respuesta que se puede enunciar como pista libre a toda la agenda de reformas que tenga la élite económica, política y social de nuestro país.
Ahora bien, sabiendo que están dadas las condiciones para que los sectores dominantes puedan desplegar casi sin obstáculos su propuesta, queda pendiente el interrogante específico de que ritmo, intensidad y aún dirección tendrá dicho despliegue por parte del Gobierno Nacional. No es lo mismo que las condiciones estén dadas, a hacer uso de estas condiciones. Como enseña el psicoanálisis “es tal el espanto que se apodera del hombre ante la figura de su poder, que se aleja de ella”. Es lo que sucede con el común de los mortales: nada causa más temor que la posibilidad de concretar el propio deseo.
Ciertamente que, para la coyuntura política actual, el temor está del lado de los sectores populares ante la situación inmejorable de que los sectores dominantes puedan dar pasos concretos y profundos en la configuración social que anhelan para el país. Quizás por eso, por el clima de absoluto poder institucional que tiene el gobierno de Milei, y por lo distópico que se presenta también el escenario internacional, no sólo por la guerra con Irán, sino por la invasión imperial de Estados Unidos secuestrando al presidente venezolano y a su esposa, y la amenaza cada vez más creciente sobre Cuba, es que la masividad de la marcha del 24 de marzo debe leerse también como la profunda preocupación de los sectores populares frente al terreno libre que parece tener la estrategia de los sectores dominantes con Milei gobernando la Argentina, y Trump considerándose el TodoPoderoso del planeta. Masividad que es la contracara del temor que engendra el avance de la Barbarie, en nombre de la Civilización, a escala Nacional y Global.
Pero volviendo a la Agenda del Gobierno, queda pendiente entonces vislumbrar cuáles son los pasos siguientes que intentará llevar adelante. Se cae de maduro que el que tiene todos los números puestos será la ansiada Reforma Previsional, para endurecer las condiciones para acceder al derecho a la jubilación, estirando la edad para jubilarse, eventualmente estirando también los años de aporte y fundamentalmente eliminando la posibilidad de las moratorias previsionales (nuevamente la barbarie en nombre de la modernidad civilizatoria). También es de esperar que la agenda de provisión de “minerales críticos” y “tierras raras” que ansía Estados Unidos para hacer frente a la competencia de China tendrá sendos proyectos gubernamentales para garantizar la satisfacción de las necesidades de Estados Unidos. Lo mismo puede decirse de proyectos que tengan por objeto profundizar la exportación de petróleo y gas natural vía Vaca Muerta en el escenario post-guerra que ubiquen a la Argentina como proveedor confiable, alejada de la influencia bélica de Rusia, es otro de los esperables. Pero todos estos avances responden a la estrategia racional de los sectores dominantes para la Argentina y su anexión sumisa a la potencia extranjera. Sería raro que dadas las condiciones inmejorables de gobernabilidad, el Gobierno de Milei no avanzara en este sentido.
Sin embargo, este no es este el espanto que queremos señalar. Este es el espanto para los sectores populares, pero el espanto está en el centro de la configuración del Poder. Se lo puede percibir en la reciente entrevista que le hicieran al Presidente Milei, donde en reiteradas ocasiones señaló que “la motosierra sigue”. Esa simbología de la crueldad que supone la motosierra ajustando las partidas del gasto público, que supone congelamiento salarial para los estatales, los docentes, los médicos, las personas con discapacidad, los jubilados, los que perciben planes sociales, es lo que Milei afirma sin temor que va a continuar. No hay aquí ningún espanto para el Presidente, sí para los sectores populares. Más aún, porque la tesis con la que el Presidente encaró el proceso electoral del 2025 es que dicha “motosierra” tiene aval popular; ya que se trataba de un “ajuste con apoyo popular”. Y aunque nos cueste aceptarlo, el resultado electoral que lo dieron como triunfador, también parece haberle dado la razón en este punto, al menos por los 2 años que quedan, más allá de lo que diga cualquier encuesta que mida la baja de su “imagen presidencial”.
Pero en el mismo momento en que anunciaba que “la motosierra sigue”, y que “Federico tiene que seguir desregulando” y que “El banco central tiene que seguir apretando la política monetaria hasta terminar con la inflación”, hizo una pausa para justificarse y afirmó que él es “un liberal clásico, y por ende… hay Estado” y como hay Estado tiene que “nivelar la cancha”, y para eso tiene que “desregular y quitar impuestos”. Aquí está el espanto de Milei, la constatación de que aún con todo su poder institucional, y aún con lo que tanto se desgañitó, el Estado pervive. En el preciso momento en que Milei prácticamente tiene mayoría institucional ya no se percibe como un “anarco-capitalista”, sino apenas como un “liberal clásico”, ya no es “el topo dentro del Estado para hacerlo explotar desde adentro”, sino que “como hay Estado, entonces tengo que nivelar la cancha desregulando”, ya no es el que va a hacer “volar por los aires al Banco Central” sino que es el que “quiere que el Banco Central siga apretando la política monetaria”. He ahí el espanto de Milei. Teniendo las condiciones para llevar adelante su experimento anarco-capitalista, él se aleja de ese ideario. El Estado sobrevive, mutilado ciertamente, frente a la distopía del Milei que sin mayoría institucional perjuraba que iba a destruir en favor del Dios Mercado. Quizás sea poco, quizás sea sólo efecto de la estructura, no de la emergencia de un polo social opositor que le fija límites, pero es un dato a registrar. Argentina no se encamina hacia su disolución como Nación. Atrás parece quedar los delirios de la libre competencia entre monedas, con la posibilidad de tener una cripto-moneda (idea que sólo sirvió para el escándalo de la estafa de la cripto-moneda Libra). No tendremos el experimento de una Nación sin Estado, sino sólo una versión más, con mayor profundidad por cierto, del ideario neoliberal que busca usar al Estado como instrumento para construir más beneficios para los sectores dominantes, y de paso para llevar adelante el camino del enriquecimiento ilícito del propio Presidente y sus funcionarios, vía los escándalos de corrupción del caso Libra (que lo afecta especialmente) así como el resonado caso de corrupción de su Jefe de Gabinete, que se suma al tristemente famoso “Tres por ciento para Karina” que afecta a la Secretaria de la Presidencia. Milei está desnudo, sólo es un “títere” de los sectores dominantes, y en ese corrimiento de su velo, que en parte se refleja en la caída de su imagen, están contenidas la esperanza de que este último tramo de su mandato, si bien será penoso, sea finalmente verdaderamente el inicio del fin de lo que se presentó como un experimento anarco-capitalista.
Y en el interín las incertidumbres del escenario internacional que impactan de lleno en la coyuntura local. No sólo por el efecto que puede tener el alineamiento automático y pueril del Presidente Milei con la avanzada bélica de Estados Unidos e Israel con Medio Oriente en general y con Irán en particular; sino porque no está claro el saldo que dicha estrategia ofensiva pueda tener en las elecciones de mitad de mandato de Trump. Nunca como en los tiempos de Milei fue tan palpable la incidencia directa de la elección norteamericana sobre el devenir de la coyuntura política, económica y social de nuestro país. Un colonialismo de nuevo tipo, que deuda mediante y alineamiento automático, ha gestado este gobierno de una manera si bien no silenciada no por eso menos contundente. Un terreno minado a futuro, con un desierto de ajuste y crueldad en el presente, pero con la pervivencia del Estado como el instrumento para que una construcción verdaderamente popular, pueda dar vuelta la taba, y fundar una civilización cuya barbarie no se asiente sobre los sectores populares sino sobre la de aquellos que hoy detentan posiciones dominantes.