Proyecto macrista y límites de la oposición

MANIPULACIÓN INFORMATIVA PARA DISPUTAR CONSENSO

POR JULIO C. GAMBINA

Más allá de los problemas económicos, la inflación y la recesión
con sus consecuencias regresivas en materia de pobreza, caída del
salario y suba del desempleo, el discurso oficial macrista manipula la
información para disputar consenso social de cara a las elecciones del
2019. Siente el gobierno que para sus objetivos “cierra bien” el
año 2018, con la aprobación del Presupuesto 2019, de ajuste
reaccionario, y un balance propio de éxito de la Cumbre del G20 que lo
vincula al poder mundial. Con ello, se anima a sustentar una nueva
vuelta de tuerca a la política represiva, de acción policial con
derecho a matar, que por ahora encuentra rechazo en buena parte del
movimiento social y aun en las propias filas e instituciones afines. La
convicción gubernamental es que la demanda por seguridad se asocia a la
defensa de la propiedad privada y no a la seguridad social medida en
satisfacción de derechos sociales, algo que pretende reformar
reaccionariamente. El objetivo es el control social, por eso pretenden
disciplinar a la población.

En rigor, la inflación anual se acerca al 50% con un efecto regresivo
sobre la mayoría de la población de bajos ingresos, pero como la
tendencia es a la reducción luego del pico de los últimos meses, el
oficialismo hace propaganda con augurios de mejores tiempos para el año
entrante. Claro que la reducción pronosticada para el 2019, un 25%
aproximadamente, será mayor al 15% que se anunciaba para todo el 2018
hace apenas un año. Es curioso el caso de la suba de los precios, que
actúa como mecanismo de distribución regresiva del ingreso y la
riqueza y que sin embargo es utilizado como mecanismo de propaganda
sobre el combate a la inflación. Crece la inflación y se sostiene que
se la combate y se lo hace con medidas regresivas, de mayor ajuste vía
política monetaria restrictiva que agudiza los efectos de la recesión
e impacta en la merma del consumo popular.

Ocurre lo mismo con las tasas de interés. La noticia es ahora que se
elimina el piso del 60% como tasa de referencia del BCRA y por ende, la
propaganda trasmite la baja de la tasa desde el máximo del 73% de hace
pocas semanas, a menos del 60% en estos días. Claro que se omite que
hace pocos meses la tasa de referencia era del 40% y ya era un guarismo
elevado para pensar en políticas activas de crédito para el desarrollo
productivo. Todo es propaganda, sin importar las consecuencias sociales.
El horizonte ofrecido por el discurso es que todo irá mejor, que se
combate la pobreza aunque ésta aumente.

Se trata de un discurso donde siempre se corre el límite del campo de
juego. Si el máximo admisible era un 15% de inflación para 2018 y se
alcanzará el 50%, entonces hay que mostrar, en el discurso oficial, lo
positivo de una reducción al 25% probable para 2019, dejando en el
olvido el propósito del 15% de hace apenas un año. No se argumenta
sobre las pérdidas de ingresos en el periodo de años de ascenso y
tendencia actual a la reducción de los precios; un fenómeno que
arrastra el presente y el futuro.

En el medio, son cifras millonarias que se transfieren desde la mayoría
de la población de menores ingresos a los pocos sectores concentrados
de altos ingresos. Lo que unos pierden, otros lo ganan y por eso, en
economía nada se pierde, solo cambia de bolsillo el dinero. Unos pocos
acumulan lo que la mayoría pierde. Por eso hemos dicho hasta el
cansancio que la inflación es un mecanismo de lucha de clases, que
afecta a quienes viven de ingresos fijos, pero también a sectores
empresarios que transfieren parte de su rentabilidad al capital más
concentrado. Los capitales hegemónicos dominantes se apropian de la
riqueza socialmente producida. Lo que se juega con el discurso oficial
es el consenso electoral de la sociedad. No importa que ese consenso se
logre como producto de la manipulación de la conciencia social, lo que
interesa es ganar el sentido común. Un sentido que instalan las clases
dominantes en su provecho. Así, resulta normal lo cotidiano, aun cuando
sea desfavorable para la mayoría social.

La estrategia se estimula desde las redes sociales, los medios de
comunicación y los intelectuales orgánicos, que como cultura
mayoritaria encuentra legitimidad en los poderes del Estado, los que
impulsan un proceso creciente de legitimación de un plan reaccionario
de reformas estructurales. El camino se transita desde la disputa de la
conciencia y el sentido común hacia la legalización que lo
institucionaliza. Hay que remitir a la historia para verificar que la
propiedad privada se consolidó en la Constitución previa siembra de la
conciencia social demandante de su defensa. La propiedad privada fue
primero demanda y luego institución, lo que habilitó su carácter de
permanencia en el tiempo como derecho inviolable, inalienable e
imprescriptible.

Es el mecanismo que verifica la estrategia del presente. La estrategia
asumida apunta a instalar un diagnóstico y un rumbo en la sociedad para
luego legitimarlo institucionalmente. Si se leen los argumentos en la
fundamentación del presupuesto del ajuste se encontrará la falacia
para la manipulación social. En el documento presentado al Parlamento
se aducen problemas climáticos, sean inundaciones o sequías, como si
el modelo productivo nada tuviera que ver con el fenómeno del cambio
del clima. El modelo productivo no se discute y no solo se avanza con el
complejo sojero, sino que ahora se agrega la explotación de los
hidrocarburos no convencionales. También se señalan causas externas,
como la guerra comercial entre EEUU y China u otras variables del
contexto internacional como la suba de la tasa de interés en EEUU. Se
sostiene que son fenómenos de la economía mundial que afectan a la
Argentina, que “…hasta entonces venía bien…”, según el relato
oficial. Es verdad, pero se elude el impacto de la propia política de
desfinanciamiento del Estado con el deliberado aumento del endeudamiento
público para cancelar deuda y facilitar la fuga de capitales. Así, se
sostiene que el país “venía bien”, con abundante financiamiento
externo, y en la coyuntura, se cruzó una tormenta por los fenómenos
enunciados que derivaron en la búsqueda del auxilio del FMI.

Se confirma el rumbo al señalar que: menos mal que acudimos al FMI,
sino la situación hubiese sido peor. Imposible de demostrar contra los
hechos de la intervención del Fondo. La propia política oficial lleva
directo al FMI y se explica que no había más remedio, que no había
otra y el resultado es una hipoteca por varios años para sustentar el
rumbo que solo beneficia a muy pocos sectores altamente concentrados de
la economía. El consenso político construido hacia el 2015 se sostuvo
en la elección de medio turno en 2017 y se pretende sostener con la
repetición de un segundo periodo presidencial entre 2019 y 2023, con
Macri o alguien que otorgue continuidad al proyecto de restructuración
regresiva del PRO-Cambiemos.

¿QUÉ BUSCA EL PROYECTO EN EL GOBIERNO EN UN MUNDO COMPELEJO?

Consolidar un bloque dominante en el orden capitalista local,
restaurando la lógica de dominación que asoció a la burguesía
terrateniente y al capital externo en el modelo de inserción
subordinada de la Argentina entre fines del Siglo XIX y comienzos del
Siglo XX. No se trata de repetir la situación ni el bloque en el poder,
sino una lógica de dominación que otorgue estabilidad al orden local
del capitalismo, afectado por inestabilidades y disputas por décadas de
lucha en el poder. Por eso la alusión a 70 años de decadencia de la
Argentina en el argumento del oficialismo.

Insistamos que no se trata de repetir aquellas condiciones de fines del
siglo XIX y comienzos del XX, sino de intentar resolver la disputa
gestada desde la industrialización de la década del 20 del siglo
pasado, la que desordenó la lógica de la dominación con nuevos
actores que disputan la hegemonía del orden local y que en este
trayecto casi centenario hacia el presente han generado disputas en el
poder a costa de la mayoría de las clases subalternas, especialmente el
pueblo trabajador. No es un dato menor la alternancia radical y
peronista entre 1916 y 2015, bajo gobiernos constitucionales. La
burguesía fabril emergente en el proceso industrializador busco su
asociación al capital externo en un ciclo de fusiones e
internacionalización de su actividad económica para disputar un lugar
en el bloque de poder, donde la banca local y extranjera jugó un papel
de financista, inducido con rumbos específicos en diferentes gobiernos
del periodo que mencionamos, sean constitucionales o producto de
dictaduras militares.

Para la industrialización subordinada se contó con nueva
institucionalidad y aporte profesional, científico e intelectual, junto
a la inspiración y actividad militar, en gobiernos constitucionales o
dictatoriales. No se trata de identificar a los gobiernos dictatoriales
con los constitucionales, pero sí de mostrar que los cambios
estructurales hacia la industrialización desde comienzos del Siglo XX
constituyó un fenómeno que trasciende los diferentes gobiernos desde
los 20 y más aún el golpe del 1930 hasta 1975/76, donde la disputa por
construir un nuevo bloque de poder se hace evidente y se sostiene hasta
el presente. La des-industrialización relativa desde 1975/76 lo hace
evidente. Digo relativa porque el proceso tiene un doble sendero, el de
la modernización empujada por las transnacionales actuantes en el país
y la transnacionalización de los capitales locales, donde Techint
resulta emblemática, o si se quiere, ARCOR, recuperando aquello de
aceros o caramelos. Es una modernización asociada al cambio de las
relaciones sociales de producción, lo que supuso: a) la reaccionaria
reforma laboral y previsional, aún en proceso y objetivo central del
proyecto PRO-Cambiemos; b) la reestructuración del Estado vía
privatizaciones, desregulaciones y mercantilización de los derechos y
la vida cotidiana, aún en proceso con las reformas educativas,
sanitarias o judiciales, entre muchas; c) la reinserción subordinada
del país en el sistema mundial hegemonizado por EEUU y convalidando con
la suscripción de tratados bilaterales en defensa de las inversiones
externas.

Pero esos proyectos que apuntan a resolver la disputa en el poder se
cruzan con las nuevas realidades y complejidades del sistema mundial,
evidenciado con la aparición de China y el debate falaz sobre la
globalización o el proteccionismo, que esconde la disputa hegemónica
del sistema capitalista mundial. Falaz digo porque es una contradicción
que acompaña al orden capitalista desde su origen, incluso en las
formulaciones teóricas que sustentan el orden del capital. El
capitalismo dominante inglés, europeo o estadounidense convivió con el
proteccionismo y un discurso aperturista, sustentado de manera
ambivalente por sendas teorizaciones afines a esos objetivos.

La disputa por el poder en la Argentina explica décadas de inflación,
mecanismo de la lucha de las clases por el poder y la dominación. Es la
especificidad nacional que cuesta entender, lo que aparece como difícil
para explicar. Muchos se interrogan porque hay inflación elevada en
Argentina o incluso en Venezuela, mientras la mayoría de los países
ofrecen escenarios de estabilización. Macri creía en campaña
electoral que él con sus adhesiones ideológicas y políticas podía
resolver esa ecuación, precisamente por su origen y alineamiento con la
burguesía más concentrada. La realidad de la disputa por la
apropiación del plusvalor generado en el país es lo que sostiene el
ciclo inflacionario que acumula décadas en la Argentina, y no muy
distinto es lo que ocurre en la tierra de Bolivar. La inflación solo
fue contenida transitoriamente en momentos de estabilización de una
franja dominante en el poder, como se pudo apreciar en el proyecto
inicial de Videla y Martínez de Hoz, o luego con Menem y Cavallo.

El gobierno Macri pretende, desde el consenso electoral ponerle
hegemonía al capitalismo local y pasar a liderar una reestructuración
política más allá de la tradición radical-peronista. Esa hegemonía
piensan es la que podrá inducir el cambio económico necesario para
estabilizar la economía capitalista local. Cuenta como socio principal
a Trump y al gobierno de EEUU, aun cuando su apuesta originaria era el
espíritu aperturista y globalizador que surgía del discurso demócrata
de Hilary Clinton. En ese camino puede incluirse incluso la
desaparición de sectores de la cúpula empresarial hoy afectados por
procesos judiciales. Macri llegó al gobierno en 2015 con un diagnostico
errado sobre el momento del sistema mundial, pero con un firme
propósito de poner fin a la disputa por el poder en el orden local y
por ello su adaptación y acercamiento explícito al gobierno Trump,
incluso el oportunismo por aprovechar el empuje chino, si es que puede,
incluso si se lo permite el vínculo con Washington. Queda por verse si
logra el objetivo.

Si en el 2001 disputaban los acreedores externos, las privatizadas de
servicios públicos y la banca, contra sectores productivos y
exportadores del campo y la industria; en el presente los alineamientos
colocan de un lado a los grandes productores y exportadores del campo y
la industria junto a empresas privatizadas que bregan por la liberación
de las tarifas y una economía especulativa asociada a la banca, la
deuda y el libre movimiento internacional de capitales; y del otro a los
sectores vinculados al mercado interno y de menor desarrollo
tecnológico, que no necesariamente constituyen el cambo de la pequeña
y mediana empresa, por eso las quejas en la Unión Industrial o sectores
asociado al comercio. Esa disputa por el poder económico encuentra
límites ideológicos en la burguesía, que aun dificultada su renta en
el mercado local, adhieren a un discurso de apertura e inserción
subordinada en un marco de tendencias globales con las contradicciones
surgidas de las guerras comerciales y monetarias que tensionan el
sistema mundial. Se constituye como dijimos en un sentido común de
época, que puede identificarse con cierto corrimiento a la derecha del
espectro y la oferta política. Es el camino que se confirma con Trump,
Macron, Macri o Bolsonaro, con los matices que cada uno de ellos supone.

¿SE PUEDE PENSAR A CONTRAMANO?

El problema limitante para romper la lógica del poder apunta a promover
un objetivo de modelo productivo y de desarrollo más allá y en contra
del capitalismo, porque de lo contrario, es la lógica de hacer
funcionar al orden del capital lo que genera el círculo vicioso de
gobiernos que estimulan reformas que son desarmadas en renovadas
gestiones de restauración conservadora, tal como expresa la historia
desde la existencia de gobiernos constitucionales desde 1916. Hace
tiempo, en época de la bipolaridad mundial (1945/1991) se aludía en un
lenguaje eufemístico a la economía de mercado y a la centralmente
planificada, como dos estrategias de desarrollo. Con la desarticulación
de la URSS fue ganando consenso el restablecimiento de la categoría
capitalista como horizonte de posibilidad y rechazo a la posibilidad del
socialismo. Fue Cavallo quien en los 90 restableció el objetivo por el
capitalismo y más recientemente se retomó un discurso por el
capitalismo nacional, imposible en tiempos de transnacionalización de
la economía. El Senador Pichetto argumenta en estos días demandando al
peronismo bregar por un “capitalismo moderno”, alejado del combate
al capital históricamente formulado, más allá de haber constituido
alguna vez una consigna realista.

Las oposiciones diversas al macrismo con posibilidad de ser gobierno se
asumen en la disputa por la gestión del orden capitalista local y ese
es su límite. El orden capitalista es mundial y está atravesado por
las tensiones de la disputa global, claro que con las especificidades
locales, que para el caso de la Argentina presenta contradicciones en el
núcleo económico y político del poder. Por eso se privilegia la
estrategia electoral y se prefirió, por ejemplo, no acompañar la
movilización popular contra el G20 en la semana de acción sustentada
por parte del movimiento popular que ve el problema del país y del
mundo en la estrategia asociada de las corporaciones transnacionales,
los organismos mundiales y los principales Estados del sistema mundial,
más allá de la adscripción al liberalismo o al proteccionismo. En los
tratados de libre comercio o en la defensa de las inversiones vía
tratados bilaterales o multilaterales se juega la dominación global del
capital transnacional. Es una constante de las últimas cuatro décadas,
más allá de momentos distribución del ingreso, los que no modificaron
cuestiones esenciales del modelo productivo y de desarrollo. Ello es
imprescindible en un modelo sustentado desde las automotrices, el
complejo sojero, petrolero o en el circuito favorable a la libre
circulación del capital y la especulación. Resulta lógico no
confrontar a las políticas del G20 si se aspira a ser parte del
cónclave, aun con la crítica al orden hegemónico.

Así como las derechas se legitiman electoralmente previa instalación
de su sentido común en la sociedad, cualquier pensamiento alternativo
en el movimiento popular y la izquierda, tiene la necesidad de
instalarse previamente como práctica y pensamiento social generalizado
que pueda disputar el poder a la dominación y construir otro orden
posible en una transición desde el capitalismo a otro orden de
cooperación, solidaridad, des-mercantilización y privilegio a la
satisfacción de derechos sociales vía producción de bienes de uso y
no de cambio, respetando el medio ambiente, la diversidad de género y
el respeto mutuo contra toda forma de discriminación y racismo.

BUENOS AIRES, 9 DE DICIEMBRE DE 2018