Formación para la organización de la clase trabajadora

Continuando el proceso de formación a trabajadores y trabajadoras de Misiones, iniciado a principios de 2017, el Instituto de Estudios y Formación (IEF) de la CTA Autónoma participó este sábado 22 de julio en el bachillerato de trabajadores que funciona todos los sábados en la sede del sindicato de Tareferos de Montecarlo. Ante la presencia de unos 70 compañeros y compañeras -trabajadores de la yerba, campesinos, madereros, ladrilleros, docentes y pueblos originarios-, se realizó una charla sobre el contexto político-económico actual, en el marco de la ofensiva del macrismo contra la clase trabajadora.

Para poder debatir sobre la actualidad, se realizó un breve desarrollo histórico sobre el proceso de empoderamiento de la clase trabajadora a nivel mundial durante el S. XX. Desde la bipolaridad y la alternativa socialista al capitalismo representada por el bloque soviético, pasando por el Estado de Bienestar capitalista que significó la garantía de determinados derechos básicos para los trabajadores, hasta las iniciativas populares para la descolonización de los pueblos del Tercer Mundo, la revolución cubana, la derrota norteamericana en Vietnam, el movimiento feminista, el pacifista y las guerrillas latinoamericanas.

Sin embargo, esa acumulación de poder de la clase trabajadora durante la segunda mitad del S. XX tuvo como respuesta la contraofensiva de las clases dominantes a través de los golpes económicos y las dictaduras militares. En América Latina, los golpes de Estado ocurridos en casi todo el continente vinieron a desarmar la estructura de derechos conquistadas por años de luchas populares. A costa de la sangre de miles de compañeras y compañeros, el capitalismo logró sentar las bases del proceso de liberalización económica que se profundizaría en las décadas siguientes.

A principios de la década de los noventa, la caída de la Unión Soviética implicó la imposición del capitalismo en todo el mundo bajo las recetas neoliberales. El fin de la bipolaridad implicó también la pérdida de una alternativa política donde los trabajadores fueran los artífices de su destino. En nuestro país, el neoliberalismo se aplicó a rajatabla bajo los mandatos de Menem y De la Rúa, iniciando el nuevo milenio con un 48% de pobreza, un cuarto de la población desocupada y todo un sistema político deslegitimado. A pesar del “que se vayan todos” que reclamara nuestro pueblo movilizado, el sistema político supo reciclarse y continuar bajo un capitalismo “moderado” que, a través de devaluación y profundización del extractivismo, logró reactivar la economía por medio del consumo y la exportación de materias primas. El gobierno kirchnerista logró contener la movilización popular que podría haber puesto en discusión el sistema capitalista reinante. A pesar del crecimiento económico vivido, la crisis económica mundial desatada a partir de 2007/8 impactó en el deterioro de los salarios, el aumento de la pobreza y la desocupación, así como en los crecientes niveles de represión a las luchas populares.

Las respuestas políticas a nivel mundial que surgieron ante la crisis, dejaron en claro que la clase trabajadora atraviesa una grave crisis de representatividad, producto de la falta de alternativas al sistema capitalista. Así, desde la izquierda el Podemos en España, el Syriza en Grecia; por derecha, Donald Trump en Estados Unidos, Mauricio Macri en nuestro país, son las respuestas que se ensayan para resolver los problemas que el capitalismo genera constantemente. De allí, entramos en el análisis concreto de Argentina bajo la gestión Macri, señalando la política de ajuste contra el pueblo que se refleja en el aumento de la pobreza y la desocupación. Sin embargo, no es posible interpretar ese ajuste sin incluirlo dentro de una política más amplia de garantizar mayores niveles de ganancias a los capitalistas a costa del empobrecimiento de los trabajadores.

Esta política se aplica, por un lado, a través de tarifazos, aumento de la inflación y topes salariales. Por el otro, con la implementación de una reforma laboral que flexibilice -aún más- las condiciones de trabajo, para disminuir los costos de la mano de obra. Pero el gobierno sabe que no puede imponer sus políticas si primero no desarticula las organizaciones populares. Por eso es que ataca a los sindicatos, como es el caso de los trabajadores judiciales de Mendoza, o los de Luz y Fuerza de Zárate. Por eso reprime ferozmente las luchas y movilizaciones callejeras. Por eso amedrenta los merenderos y comedores de las organizaciones sociales que intentan paliar la crisis del hambre en nuestros barrios. Por eso impone decretos para perseguir y deportar a nuestros hermanos migrantes, infundiéndoles temor para no luchar. Romper las organizaciones con las que el pueblo se defiende es la clave para garantizar mayor ajuste y transferencia de riquezas hacia las empresas y los patrones. En nuestro país, el sistema ha aceptado que los trabajadores discutamos la pobreza pero no permite que discutamos la riqueza.

El asistencialismo social y la subsistencia sí, pero las ganancias de las empresas y el modelo productivo no. Por eso en Misiones avanza la concentración de la tierra en manos de las pasteras y las empresas forestales, pero los trabajadores sólo pueden discutir algunos pesos más en los subsidios o algunos bolsones más de comida. La crisis de representatividad se debe transformar en organización de los trabajadores luchando por construir un proyecto político, social y cultural de liberación.

Para eso, es indispensable incrementar la formación política de los compañeros y compañeras, discutir con los vecinos, con los compañeros de trabajo, en el territorio, casa por casa. Organizarse solidaria y democráticamente para poder poner en discusión la tierra, la renta, la utilización de los bienes comunes y derrotar este modelo capitalista que oprime y condena a millones de personas al hambre, en un constante genocidio silencioso. Es a esto a lo que apuntan las construcciones colectivas que se impulsan desde nuestra CTA Autónoma.