El impuesto a la compra venta de activos financieros: una ilusión temporaria

Por: Julio Gambina

Hace tiempo que se discute la eliminación de la exención al impuesto a las ganancias de los beneficios derivados de la intermediación financiera, mientras se mantienen gravados bajo el concepto de “ganancias” los ingresos salariales.

Así, el Impuesto que por definición debiera ser progresivo,  grabando las rentas o ganancias empresarias, resulta también regresivo por la contribución que hacen trabajadoras y trabajadores, más aun cuando el IVA y Ganancias sustentan la mitad de los ingresos tributarios en la Argentina.

Lo curioso es que en estos días se había anunciado la reglamentación del impuesto que gravaba la compraventa de acciones, cuotas y participaciones sociales, incluidas las cuotas partes de fondos comunes de inversión, títulos, bonos y demás valores, cuando comprador y vendedor sean sujetos residentes en el exterior.

El solo anuncio de su reglamentación, aun con lo limitado de la medida, impactó en procesos de desvalorización de acciones y encendió la luz de alerta en ámbitos de decisión sobre la política económica.

Como respuesta a la tensión en el “mercado” y la sensibilidad de los inversores, temerosos a constituirse en sujetos de tributación, la AFIP con el guiño del ministro de Hacienda postergó por 6 meses la puesta en práctica del impuesto, argumentando problemas operativos y de adecuación a las nuevas exigencias por parte de los involucrados en las operaciones.

La realidad es que la medida complicaba aún más la llegada de inversores externos, y aun resignando recaudación, desde el Ministerio de Hacienda continúan con el privilegio y la seducción de las potenciales inversiones foráneas.

Inversiones para la especulación

Por ello, la suspensión por un semestre para hacer efectivo el impuesto podrá reiterarse si continúa la sequía de inversores que reviertan la escasez de fondos aplicados a la expansión de la producción.

En ese marco es que no arranca la reactivación de la economía, aun cuando se pronostica un crecimiento del 3 al 4% del PBI para este 2017. Ese crecimiento no tiene por qué remitir a producción fabril y menos a creación de empleo, o mejoras en salarios o ingresos populares.

La percepción social de debilidad en el funcionamiento de la economía dificulta la disputa del consenso electoral del oficialismo.

Curiosamente, y a contramano de esa apreciación, desde el BCRA y con aval del Ministerio de Hacienda se estimula la especulación financiera y una política monetaria restrictiva ortodoxa para bajar la inflación a cualquier precio.

Volvieron a subir las tasas de interés de las LEBAC y Hacienda licitará la próxima semana Letras del Tesoro por 800 millones de dólares.

No solo es festival de deuda de la Administración central y el banco rector de las finanzas en el país, sino una señal que continúa privilegiando la política económica de la especulación ante cualquier planteo de estímulo a la producción.

Previo a la suba de tasas de interés subieron el dólar, que ya supera el piso de los 17 pesos por dólar, y las tarifas de los combustibles. Ambos datos relevantes relativos a la evolución de la inflación y por eso se radicaliza la ortodoxia del jefe de los banqueros.

Federico Sturzenegger insiste en su ortodoxo planteo aun cuando se pierdan empleos y se alejen expectativas de recuperación del consumo popular, algo que puede incidir en la pérdida de votos oficialistas en las próximas elecciones de medio turno.

A contramano de esa orientación, el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires insiste en el acuerdo entre el Banco Provincia y las cadenas de supermercados para resignar rentabilidad a cambio de descuentos que estimulen compras de ciertos productos en una campaña para la disputa del consenso electoral.

La ortodoxia económica tiene el límite de una lectura política que evidencia discusiones al interior del gobierno y que las propuestas de participación estatal para el estímulo del consumo no solo pertenecen a la oposición.

Aun así, el consumo se restringe a una porción de la sociedad con relativa capacidad de consumo, ya que la canasta para no ser pobre supera los 15.000 pesos mensuales y el ingreso promedio está muy lejos de esos valores.

El discurso pro inversiones persiste y por eso en Mendoza se recrearon las condiciones para un acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, aunque los subsidios agrícolas del viejo mundo retrasan la realidad de rápidos acuerdos.

La cumbre del Mercosur anticipa las dificultades para celebrar acuerdos de libre comercio que la OMC intentará generalizar en diciembre en Buenos Aires, pero no obstaculiza el compromiso discursivo del proyecto oficial con la liberalización de la economía.

Ajuste asegurado

El asunto de las inversiones se resuelve si avanzan los proyectos de restricción de derechos sociales y sindicales para favorecer la rentabilidad empresaria, algo que se procesa más allá de la ortodoxia o la heterodoxia de política económica, que parece convive al interior del oficialismo y más allá.

Por eso se explican los acuerdos parlamentarios en el avance de legislación estratégica, tal el caso del tratamiento del endeudamiento, que cada vez compromete más los recursos fiscales.

Aun conteniendo el déficit primario, la suma de intereses de la deuda agrava el déficit fiscal y compromete recursos públicos y un presente y futuro de ajuste.

Resulta imprescindible superar la discusión entre ortodoxia y heterodoxia para pensar más allá del régimen del capital y actuar con el horizonte de resolver necesidades sociales, aun a costa de los objetivos de los evasivos inversores y sus demandas para escamotear una tributación progresiva.